Ir al contenido principal

Delincuencia juvenil, drogas e intervención

Delincuencia juvenil, drogas e intervención

En el campo de las Ciencias Sociales se discute hace varios años la denominada “nueva cuestión social” (Rosanvallon, P., 1995), categoría conceptual polémica que -no obstante- concita algunos acuerdos. Entre estos últimos se destaca el convencimiento bastante generalizado de que las antiguas formas de gestionar las problemáticas sociales deben ser revisadas. Obviamente este debate es aplicable a la trama conformada por jóvenes inmersos en conflictos penales, el consumo de drogas y las reacciones institucionales. Dicha relación es tan intensa como evidente pues a nadie escapa que si bien años atrás tales combinaciones eran esporádicas actualmente son casi cotidianas.


Sin embargo las lógicas de intervención no se han modificado substancialmente. Ello legitima la necesidad de “pensar cómo pensamos” la problemática, de modo tal que dicha reflexión posibilite “pensar qué pensamos” sobre la relación delito-drogas para, así, “pensar cómo se interviene”. Estas últimas dimensiones, ya de orden práctico, incluyen tanto el debate referido a nociones teóricas y metodológicas como a prejuicios, valoraciones morales, religiosas, etc. De los múltiples aspectos inherentes al “cómo pensamos” señalemos solo algunos que creemos centrales: solemos dar por supuesto que el problema es ‘la droga’, afirmación que posibilita el reinado de por lo menos otras dos creencias asociadas: 1) Que es factible hacer desaparecer dicha substancia; y 2) Que es posible borrar la demanda existente sobre la misma. Estas ideas sacralizadas obturan toda posibilidad de discusión sobre las mismas, base sobre la cual crecen otros credos referidos más directamente al consumo. Por ejemplo, no siempre tenemos presente que el uso de drogas es una problemática bastante más amplia que la naturalizada como tal, es decir la referida a las drogas ilegales. Así, se acepta sin discutir un escenario que induce a pensar el conflicto en términos de mal que debemos exorcizar de algunos cuerpos enfermos o, inclusive, en términos de cuerpos malos que debemos exorcizar del buen cuerpo social. Para llevar adelante estas tareas, influencias positivistas mediante, se han creado dispositivos específicos: saberes, instituciones y prácticas.


Sobre dicha visión, consecuentemente, adquirió legitimidad un modo de intervenir ante los otrora excepcionales casos de jóvenes judicializados por causas penales que consumían drogas. Este modo continúa en general vigente, y consiste en que ante el delito comprobado el sujeto es incorporado a dispositivos específicos (incluida la posibilidad del encierro) con el objetivo de promover su resocialización por haber cometido delito. Pero dada la concurrencia del consumo de drogas aparece legitimada la coordinación con algún otro recurso institucional que a la par brinde asistencia ‘especializada’. Sucede que, como decíamos más arriba, la naturaleza del problema ha cambiado cualitativa y cuantitativamente. El consumo de drogas, legales e ilegales, se ha instalado culturalmente (no de un modo novedoso pues el estudio de otras civilizaciones pone en evidencia diversos consumos, actuales e históricos), resultando obsoletas las antiguas formas de intervención. En este contexto los sectores socialmente hegemónicos codifican la cuestión como problemática social grave, con lo que se impone la urgencia por pensar nuevas formas de gestión que incluyan la decodificación de las representaciones sociales operantes en relación con la droga.


Así tenemos que tanto la extensión como la profundidad del problema exigen la conversión de los programas (e instituciones de encierro) tomando el consumo de drogas en tanto componente transversal que casi siempre está presente en las conductas juveniles seleccionadas por el sistema penal. Esta transversalidad implica flexibilizar las fronteras conceptuales del problema, estrechamente asociado a la demonización de la substancia “droga”, con lo que se la aísla del entramado de relaciones sociales. Se trata de imaginar formas de intervención “inespecífica” (Carballeda, A., 2008) que permitan reconfigurar esas relaciones facilitadoras de consumos que enajenan al Sujeto. Como venimos diciendo el problema no es la droga sino el tipo de relaciones que el Sujeto entabla con ella y con sus entornos; pero igualmente problemática es la relación que los distintos entornos entablan con ese Sujeto. Si todo esto se advirtiera, posiblemente profundas transformaciones en la institucionalidad social que le sirve de sustento mayor.


Vale atender que, en dichas tramas de relaciones, lo que piensan los no-consumidores respecto de los consumidores visibilizados (o consumidores de drogas ilegales), debe ser tan importante como lo que piensan los consumidores respecto de los no-consumidores. Esto es así por lo antedicho: el dilema está instalado en la dimensión cultural de la sociedad, y en ella es usual que el discurso dominante sea construido por no-consumidores convencidos de saber qué piensa y qué le sucede al consumidor. Éste, transformado en objeto de estudio e intervención, explica la anterior referencia a la influencia positivista y su pretensión de extirpar el mal de un cuerpo social supuestamente sano. Ilustrando respecto de cómo funcionan estos modos de pensar señalemos que un taller de carpintería en horarios diurnos dentro de una institución puede ser valioso, pero en ocasiones refleja el punto de vista moralizante de sujetos no-consumidores que solo ven problemas en la droga (ilegal) y no, por ejemplo, en el trabajo. Estos permanecen convencidos del valor purificante del mismo con independencia de la trama de relaciones sociales en las que se da, persuadidos de que con ello avanzan en la resocialización. Mediando dicha convicción el consumo de drogas queda para que sea atendido en otras instancias de las que se espera hagan de ese consumidor un Sujeto Productivo según la perspectiva del no-consumidor. En definitiva, instancias en las que debe ser curado de la enfermedad o corregido de su desviación.


De allí lo planteado al inicio: para generar nuevas formas de gestión se requiere, con mucha potencia y paciencia, “pensar qué pensamos” pero simultáneamente “pensar cómo pensamos”. Por lo pronto, el actual camino solo garantiza la continuidad del regodeo en diversos “como si”, goce en ficciones que tienen puntos de coincidencia con las ilusiones que consigue quien se crea una realidad artificial mediante cualquier producto químico.



Citas:



Rosanvallon, P. (1995). “La nueva cuestión social: repensar el Estado Providencia”. Trad. Horacio Pons. Buenos Aires, Manantial.



Carballeda, A. (2008). “La prevención inespecífica en el campo de la drogadicción”. Buenos Aires, Margen.


Tmado de Custión Social---Portal de contribuciones al campo de las Ciencias sociales.

- Imprimir publicación
- Volver


Comentarios

Entradas populares de este blog

Convenio 01 de 2010 celebrado con el Ministerio del Interior y de Justicia y la Registraduría Nacional del Estado Civil, el Instituto Nacional de Medi

Actualización del listado de personas Identificadas convenio 01 de 2010En el marco del Convenio 01 de 2010 celebrado con el Ministerio del Interior y de Justicia y la Registraduría Nacional del Estado Civil, el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses publica la actualización del listado de 5.079 personas identificadas.Descargue el listado aquiRecordamos que el objetivo de dicho convenio es la identificación de personas fallecidas por medio de la comparación de huellas dactilares de los archivos existentes en la Registraduría cuando se tramitó la cédula de ciudadanía, con las huellas tomadas después del fallecimiento, en algunos casos de fechas relacionadas desde décadas anteriores.Si usted encuentra a un familiar en este listado por favor comuníquese al teléfono: 4069977 Ext. 1123 en los siguientes horarios: Lunes a viernes: 07:00 am a 07:00 pm, · Festivos: 7:00 am a 1:00pm (los domingos no hay servicio), si usted reside en la ciudad de Bogota puede dirigirse a la Ca…

Jueces de paz en Colombia De la norma a la realidad

Jueces de paz en Colombia
De la norma a la realidad Por: Edgar Augusto Ardila Amaya

Jueces de Paz
» Actores que participan del Nodo Jueces de Paz
» Objetivos del Nodo Jueces de Paz
» La Corte Constitucional se pronuncia
» Justicia de Paz, entre el abandono y la esperanza
» LEY 497 de 1999


Edgar Augusto Ardila Amaya
» De la norma a la realidad
» Ponencias de la Conferencia de Justicia Comunitaria
» En Borrador
» Claves para su comprensión
» Elementos para el debate
I. INTRODUCCIÓNDesde hace casi veinte años se viene hablando de la figura de los Jueces de Paz en Colombia. En 1991 se introdujo en la Constitución Política sin revuelos. Tampoco se llamó mayormente la atención, en los pasados meses cuando se produjo y sancionó la ley que la desarrolla. Ahora, a menos de un año de entrar en vigencia ese estatuto, muchos reconocen que los Jueces de Paz pueden convertirse en la…

Justicia de Paz en República Dominicana

Concepto de los Jueces de Paz y sus funciones

De acuerdo con nuestro ordenamiento Jurídico, los Jueces de Paz ocupan el último lugar del escalafón judicial. Dichos funcionarios están encargados de juzgar rápidamente y con pocos gastos los pequeños procesos. No obstante ser jueces de excepción, al igual que jueces de comercio, en razón que solo pueden conocer de los asuntos que les son específicamente atribuidos, por oposición a los jueces de Primera Instancia, y de los de las Cortes de Apelación, llamados de Derecho Común, las atribuciones de los jueces de paz son numerosas y variadas. Se verá más lejos, su jurisdicción contenciosa y su jurisdicción graciosa, que son la una y la otra de gran importancia.

A este respecto, los tratadistas franceses Glasson y Tissier, autores de las dos citas anteriores, al referirse a los mencionados funcionarios judiciales se expresan en la forma siguiente: Los Jueces de Paz deberían, nosotros lo hemos dicho tener un rango y la situación de los Jueces de…