lunes, 19 de enero de 2015

Inasistencia alimentaria y moral de los padres a sus hijos.

Si algo ha demostrado la historia del ser humano, es que lo que nos hace tales es el vínculo que se construye además del que se hereda y como la fuerza del vinculo construido suele ser más débil que el heredado, esto sólo puede hacerse a fuerza de contacto y compartir y compartir, la mentira del “no importa la cantidad sino la calidad” debe quedar atrás ahora mismo.Este aparte es más real en todos los campos del la inasistencia alimentaria es el archivo histórico de familia el que incide para que sea más débil, desafortunadamente, con sus excepciones como todo. Igual me parece muy importante el papel de madre o padre que estén separados o divorciados, con arreglos o sin arreglos el buen fomento de las relaciones entre padres e hij@s aún no esten en unión a la fecha, pues no escuchamos nunca ,allá va tu ex- padre, tu ex- madre son totalmente diferentes las relaciones de parejas y las de padres e hij@s. Pero a veces cualquiera de las partes de las parejas utilizan erróneamente a los hij@s para manipular esa obligación alimentaria, indispensable para sacar avante a los hij@s pero para mi son más importantes los alimentos morales, que casi no se hablan, y que son un referente para la salud mental del infante y que deja huella para futuras, relaciones de parejas cuando ya van a optar por esta determinación. Igual que los padres que, creen que, porque los hij@s crecieron y ya estudiados o no, pero mayores no necesitan de sus progenitores; es un error los hijos necesitan a sus padres hasta la muerte; con vidas de mayores, con independencias y con sus relaciones de pareja ya establecidas,serán los buques grandes a donde llegan las embarcaciones pequeñas a retroalimentarse. Es cuestión de manejo ya que los hombres en mayor porcentaje evaden estas obligaciones y donde incide a veces el orgullo de la mujer, que no le interesa reclamar, porque ella es independiente económicamente, que para mi es un error,estarían fomentando más irresponsabilidad y olvido de sus obligaciones a los padres.Suelen ser ellas más en aumento de acuerdo a mi experiencia en Derecho que ellos; quienes igual reclaman los alimentos a sus mujeres, cuando ellos están al cuido de los hijos.Son casos tan diversos pero el pan de cada día.

Y¿ que hace que los progenitores se comporten así?: esquemas de familia , ejemplo de la familia que tuvieron y que no se preocupan por trabajar sobre el asunto personalmente y con compromiso de no trasladar los mismo que recibieron en sus hogares a los que han decidido constituir al momento de elegir crear u organizar un hogar.

El machismo de la antigua figura de familia patriarcal que se imponía en algunas naciones por concepto de estado, donde ubicaban al hombre en lo publico y la mujer en lo privado, que es, el hombre saliendo a trabajar y siendo el proveedor de la familia y la mujer en la casa , dedicada a la maternidad , labores de hogar y cuido de los hijos, lo que ha venido cambiando, cuando grupos de mujeres, políticos han logrado que las mujeres alcancemos Derechos y ejerzamos los mismo, ha colaborado a la transformación de esa estructura familiar patriarcal, con incidencias hasta el número de hij@s por procrear, antes eran las familias numerosas, hoy en día las mujeres más escolarizadas, porque este es uno de los logros para permitir que la mujer alcanzara derechos casi  igual que los hombres, nos da la oportunidad de elegir cuántos hijos procrear; por esa misma razón de que la mujer ya se ha ausentado bastante del hogar, involucrándose en actividades laborales en la calle, y de donde se presenta a veces que los roles van mejorando y a veces es el varón en la casa, mientras la mujer está por fuera de su hogar produciendo y realizándose de una manera mas altruista y en beneficio de todas las del género femenino,motivo por el cual ya no quieren traer muchos hijos al mundo, porque hay conciencia de la responsabilidad, de lo que implica un hijo; lo que no sucede en estratos bajos , por la misma falta de educación y escolarización ;estas mujeres siguen sometidas a solo la labor privada en la casa y atendiendo directamente a sus hijos, o realizando labores o actividades pero dentro de sus hogares, como son la costura, o manualidades de diversas formas, para obtener un ingreso personal sin abandonar, su condición de madre entregando todo el tiempo a sus hijo.

Opinión: LA CONVIVENCIA HUMANA: UN IMPOSIBLE?. José Gregorio Hernández Galindo Destacado

Opinión: LA CONVIVENCIA HUMANA: UN IMPOSIBLE?. José Gregorio Hernández Galindoradiomacondo.fm
Agresivo, según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, significa: "Dicho de una persona o de un animal: que tiende a la violencia"; "Propenso a faltar al respeto, a ofender o a provocar a los demás"; "Que implica provocación o ataque".
Algo que hoy debemos revisar los seres humanos, como criaturas racionales y sociales que se supone somos, es la actual y al parecer incontenible agresividad y la  incomprensible predisposición a la violencia. Al respecto, nos debemos preguntar: ¿en realidad “convivimos”, o vivimos a regañadientes y de mala gana en el seno de una comunidad y al lado de nuestros semejantes? ¿O debemos resignarnos a vivir como fieras, enfrentados irremisiblemente, física y verbalmente? ¿Qué genera el vigente estado de irascibilidad, crispación, predominio de la generalizada conciencia de estar siempre "contra" alguien, en vez de estar "con" los demás? ¿No hemos logrado nada en la búsqueda de fundamentos de convivencia, convenidos por los asociados, como el Derecho? ¿En pleno siglo XXI, sigue prevaleciendo la fuerza bruta sobre la razón? ¿Sigue imperando "la ley del revólver", tanto entre los ciudadanos como entre los países, sobre el diálogo y la concertación?  ¿Por qué todo lo queremos arreglar "a puños", "a tiros", o a punta de insultos? ¿Por qué provocar a los demás?  ¿Por qué ofender al otro, so pretexto de la propia libertad? ¿Por qué no responder a las ofensas y agresiones verbales o escritas con instrumentos jurídicos, en vez de acudir a la violencia o al crimen? ¿Por qué maltratar, golpear y matar, como en los tiempos más atrasados de la pre historia?  ¿Por qué las grandes potencias se muestran incapaces de resolver los conflictos por la vía diplomática y prefieren los "drones", los bombardeos, los bloqueos, las sanciones económicas (que castigan a los pueblos y no a los gobernantes)? ¿Para qué creamos organismos internacionales como las Naciones Unidas y su Consejo de Seguridad, si a la hora de la verdad no sirven para evitar la guerra, ni para resolver pacíficamente los diferendos?
Esas son algunas de las preguntas que muchos ciudadanos se están haciendo en distintos foros, en muchos países, sin obtener respuestas. 
Lo acontecido en Francia, que tantas y tan diversas reacciones ha ocasionado en todo el mundo, no es sino una de las muchas expresiones de la brutalidad que actualmente predomina en distintos lugares del planeta, y que hace irrealizable la convivencia pacífica. 
Una brutalidad, que ha sido constante a lo largo de la Historia y en todas partes, pero que -si bien en nuestra época presumimos haber superado, gracias a la civilización, al  respeto por la dignidad humana, a la libertad y a los derechos-, se ha exacerbado en los últimos tiempos, sin que hayamos logrado establecer las causas. Y en verdad es una paradoja que los peores casos de salvajismo, de violencia, de intolerancia, de fanatismo, de crimen, de sevicia y de odio se registren precisamente cuando se supone que la cultura jurídica y valores como la justicia, la igualdad, el pluralismo, la solidaridad y la responsabilidad social se consagran en constituciones y tratados.
Véase que, a pesar de la tarea adelantada durante siglos por filósofos, antropólogos, sociólogos, juristas y politólogos, con el objeto de señalar unas pautas esenciales, indispensables para la convivencia -que debería ser más fácil entre seres racionales que entre los animales salvajes-, hemos llegado a un estado de cosas en que, para vergüenza del género humano, es mucho más tranquila, pacífica y ordenada una manada compuesta por las más agresivas bestias que una sociedad integrada por individuos teóricamente organizados, bajo el imperio del Derecho y de la razón.
Quizá no estaba tan descaminado el inglés Thomas Hobbes cuando en su “Leviathán” exponía que, en el “estado de naturaleza” -que por cierto hemos debido superar hace tiempo- había una guerra de todos contra todos, provocada por el apetito de poder y por la ambición desmedida de ganancia. En la actualidad –añadimos-, por la agresividad -todos los días en aumento, inclusive en el interior de las familias-, la intolerancia y la pérdida o inversión de valores morales y jurídicos, entre otros factores, estimulados por elementos tan dañinos como el narcotráfico, el negocio de las armas y el uso inapropiado de las tecnologías y de los medios de comunicación.
Razonemos, y hagamos votos porque las religiones, que se crearon para estimular la paz, el amor y la vida, nos ayuden en nuestras meditaciones.
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