domingo, 18 de diciembre de 2011

Los hijos reflejos de sus hogares!!

Resulta curioso ver que cuando un hijo es desobediente, impulsivo, malcriado, de personalidad fuerte, generalmente se asume que sus padres han fallado. Pero, por el contrario, cuando se destacan por ser formales, bondadosos, lo más pensado y usual es decir cuán afortunados que son los padres y el agradecimiento al cielo que deben dar por haberseles mandado este hijo tan virtuoso. En resúme si las actitudes de los hijos son malas, sus padres son los culpables; y si son buenas, gracias a la suerte bondad de Dios. Siendo la mayor tendencia a culpar padres por lo negativo de sus hijos. Pero lo peor es a que los padres aceptemos tal culpabilidad y dejar absueltos a los hijos, a priori. Si somos culpables de ser padres a la defensiva, rogando que los hijos nos hagan caso, piediendo perdón por las ordenes que les damos, implorando que nos cuenten sus cosas, comprendiendo cuando en realidad no comprendemos nada. Mejor dicho la culpa es de tenerle miedo a los hijos, a que se pongan bravos, o se revelen, o nos hagan quedar mal al decir cosas que no son, como por ejemplo "mi mamá me mata" "mi mama es muy metida" " no respeta mi intimidad", o a que obtengan notificaciones o calificaciones malas en sus respectivas instituciones educativas y de formación, a que manipulen con amenazas, a que nos rechacen, etc.. sin embargo, que ironía, que a pesar de los esfuerzos por darles todo lo que piden para que amen y obedeacan a sus padres, cada vez hay mas hijos insolentes y agresivos que desafían a sus padres. En este estado, mucho padres se declaran incapaces de controlar a hijos y delegan la responsabiliad de encausarlos por buen camino, pero pretender que profesores u otros expertos (psicólogos, psiquiatras, fonoaudiólogos, trabajadores sociales, etc) asuman una problemática cuya raiz no es otra que la falta de presencia y autoridad paterna, es tan iluso como inútil. Es preciso recordar que durante infancia e incluso juventud, los hijos son tripulantes novatos que se adentran en el viaje de su proyecto de vida, no solo ignorando para dónde van (visión), sino desprovistos de la experiencia y los conocimientos que se requieren para navegar en aguas totalmente desconocidas y hoy bastante turbulentas. Es aqui, donde es sensato sentir que su trayectoria inicial se dirige por sus padres, cuyas capacidades, poderío y experiencia les garanticen seguridad, protección necesaria en la travesía, entendiendo que viven en un nucleo familiar del cuál aún están a cargo, donde padres saben su rumbo y tienien dominio de la situación. Obviamente que para comunicarlos deben estar libres y livianos de temores, inseguridad y culpabilidad, con capacidad para sacarlos triunfalmente adelante. Es por esto que la culpabilidad es permitir que el miedo eluda y delegue la responsabilidad más importante de ser padres, llevando las riendas de la vida de los hijos hasta que no solamente tengan mayoría de edad (no basta) sino que estén estructurados para hacerlo por si mismo. Con hechos, coherentes, no con palabras. Por eso el tan oído "padre y madre no hay sino uno". Nuestra función es insustituible e indelegable. Es pues una forma de vida, un estilo, bien ejercido y no temporal, actividad y experiencia enriquecedora, Compromiso personal e intransferible. No hay dinero en el universo con que comprarlo, ni establecimiento, institución o experto que pueda ofrecer lo que puede aportar a la vida de un hijo la dirección y consagración personal de los padres.

1 comentario:

Nora Quevedo Labrador dijo...

Y agrego, como se trasladadan estos comportamientos y actitudes una vez forman sus hogares, igual van tomando los mismos ejemplos y practicando en sus vidas sin entrar a resolver los que les ha afectado, y botando a la deriva los compromisos adquiridos, dejando carencias en las nuevas generaciones.Y asi sucesivamente. se va repitiendo la actitud egoísta y del menor esfuerzo.