miércoles, 9 de marzo de 2011

Efectos en la convivencia: Lic. Raiza López Blanco

Algunos apartes del ensayo!

Efectos en la convivencia.
Como consecuencia, los grupos humanos experimentan una dinámica de relaciones en confinamiento. Se crea una estructura jerárquica, el individuo Alfa hace agachar la cabeza al resto. Se generan burlas sobre aquel que es percibido como débil y se crean pequeñas territorialidades. En este contexto es arduo enseñar nociones tales como: el respeto entendido como el reconocimiento y valoración del otro, y las negociaciones ganar-ganar. ¿Podemos repensar esta dinámica humana y crear nuevos modos de vida? ¿Será que queremos?
El Comunismo propone sustituir al malvado y despiadado carcelero Capitalista por un altruista y generoso carcelero Comunista, sin embargo, se conserva el vínculo poder-sumisión, basado en la fábrica-cárcel, como dinámica básica de las interacciones humanas.
Para sanar lo social es preciso meditar sobre la educación, la creación de prosperidad y el funcionamiento psicosocial de los grupos humanos. ¡Escapemos de la cárcel! Seamos ciudadanos de lo posible.
Transmitir la idea de que es viable construir una ciudadanía de lo posible, por medio de la participación y erigir la cultura del respeto, como elemento inseparable del ciudadano y de la ciudadana de lo posible como una alternativa viable para reconducir lo social hacia el bienestar pleno del ser humano, transcendiendo las categorías dicotómicas históricamente opuestas.
Porque creo en que un sueño compartido no es un sueño. Una utopía, es una realidad si varias… muchas personas la comparten y la viven. Dejar de soñar y comenzar a actuar crea realidades, crea posibilidades.
En esta propuesta cada persona sería autor/a y actor/a de su propio bienestar. Sin embargo, esas posibilidades tienen sus enemigos. Y no solo son personas, sino que son estructuras de comportamiento, arraigadas en nuestro interior, tan profundo, que nos negamos a dejarlas ir.
El padre que golpea a su hijo para enseñarle que no debe golpear a otros niños, no le está enseñando respeto, sino que está entrenando a su hijo para que sepa que la autoridad puede abusar, y que si no posee autoridad, es peligroso hacerlo. Pero lo hace por el bien de su hijo y con mucho amor. Se les enseña al niño y al joven que deben someter y no permitir que los sometan, a rechazar lo diverso y lo diferente. Así se aprende también la oposición a la autoridad y la rebeldía frente al maltrato. Se construye la confrontación y la cultura del abuso.
El profesor que humilla al alumno, el jefe que somete al empleado, todos nos preparan para la obediencia última: la búsqueda de un líder mesiánico, que pueda someternos pero cuidarnos, sin que necesitemos hacer nada más que obedecer. Nada de pensar, participar o disentir, sólo “agachar la cabeza” y defender lo ortodoxo. O para la cúspide de la desobediencia y de la rebeldía: Seguir a un líder que se opone y destruye lo “ortodoxo”. Nada de pensar, participar o disentir, sólo “agachar la cabeza” y destruir.
Obediencia o desobediencia, sin discernimiento, nos conducen a las dualidades y dicotomías socio políticas enfrentadas, que hoy nos impiden ser ciudadanos de lo posible y construir una cultura del respeto. A pesar de esto, es el ciudadano y la ciudadana de lo posible quien puede construir su espacio público, crear su sueño y realizarlo.
La propuesta del ciudadano y de la ciudadana de lo posible implica un cambio de paradigma: en lugar de discutir sobre masas y categorías homogéneas de grupos humanos, y sobre lo que deben poseer y lo que no, discutiremos sobre la organización de las personas, la valoración de la individualidad y de la diversidad. El rescate de la creatividad, de la capacidad crítica para corregir el camino y de la facultad creadora y transformadora del ser humano. En lugar de centralización, descentralización. En lugar de obediencia a un líder, compromiso con proyectos, metas, ideas y principios, autodisciplina y reconocimiento del poder personal. En lugar de Ejercicio del Poder Concentrado, tendremos Ejercicio del Poder Delegado y Distribuido, entre los individuos organizados. Y el respeto sería la valoración y el reconocimiento del otro.
El “buen ciudadano” se homogeneíza, cumple con las normas, obedece al líder y vota, es la democracia representativa. El “buen proletario” se homogeneíza y obedece al Estado, es el Socialismo.
El Ciudadano y la Ciudadana de lo Posible pueden cumplir con las normas, o involucrarse en transformarlas y crearlas. Pueden comprometerse con un líder, o lo pueden criticar y cuestionar, hasta desplazarlo. Aprenden a asociarse por compromisos, objetivos o fines comunes, pero no se homogeneízan en categorías estáticas. Algunos líderes políticos no entienden ni toleran este modo de actuar, porque las cúpulas desde donde ejercen el poder disminuirían su capacidad de acción.

EL DEVENIR DE LA CIUDADANÍA
Así las cosas, presento la necesidad de elaborar este ensayo abandonando la idea de “UN CIUDADANO IDEAL”, “EL DEBER SER DEL CIUDADANO”, y poner la lupa en el devenir de un individuo desde aquel momento en el cual es simplemente “gente” individualista e individualizada, hasta aquel instante en el que es “ciudadano de lo posible”, grupal, gregario, capaz de transformar su realidad, participando, organizadamente, proponiendo y haciéndose escuchar.
Dado este discurrir de ideas, planteo que tal cosa como “EL CIUDADANO” no existe, sino que lo que existe es un “DEVENIR DEL SER”, desde una instancia psicosocial individualista, ocupando espacios privados, con algún interés en los espacios públicos para satisfacer sus necesidades privadas (como acudir al mercado, a una tienda o al teatro), hacia una instancia psicosocial grupal, gregaria, organizada, habitando primordialmente los espacios públicos, para satisfacer sus necesidades privadas.
Es por todo lo anterior que sugiero transcender el deber ser de la ciudadanía y proponer que nos movilicemos conceptualmente de “EL MANIFIESTO DEL CIUDADANO” a “UN MANIFIESTO PARA EL CIUDADANO Y LA CIUDADANA DE LO POSIBLE”.
Esta transición demanda una explicación. Inicialmente concebía la necesidad de escribir una propuesta, una más entre miles, que orientara a la ciudadanía, otro deber ser, “EL MANIFIESTO DEL CIUDADANO”. Posteriormente se hizo notorio que la partícula “EL” supone lo acabado, el único producto final posible, el mejor y el deseable. En contraposición a la partícula “UN”, que admite una propuesta posible entre muchas. Esta partícula abre la sospecha sobre posibilidades dentro de lo impredecible que puede resultar el o del comportamiento humano gregario, declaro aquí que es tan impredecible “el hacedor” como “el hecho” que resulta de su acción. Se utiliza aquí el concepto “impredecible” en el contexto de la Teoría del Juego social, cuya base es la Teoría del Caos, que explica los COMPORTAMIENTOS IMPREDECIBLES DE LOS SISTEMAS DINÁMICOS. (Moon, F 1990).
EL PUNTO DE ORIGEN, LA GENTE. Los grupos sociales se encuentran individualizados, desmovilizados, incomunicados, con ausencia de organización y de compromiso social hacia causas comunes, y alejados de su posibilidad de cambio social. Con una profunda indefensión aprendida, de lo único que se sienten capaces es de criticar anómicamente a "Las Autoridades Competentes". Y no conocen con claridad de quién es competencia qué. Este es uno de los resultados de vivir y naturalizar las “relaciones en confinamiento”. Son la masa, la gente.

3 comentarios:

Nora Quevedo Labrador dijo...

La participación permite al ciudadano y a la ciudadana de lo posible aprender que cada persona o grupo de personas tiene algo valioso que ofrecer. Pueden reconocer el beneficio mutuo en los intercambios. Si no es escuchado, se organiza, se reorganiza y presiona. Llegan a entender que lo político es parte de su capacidad organizativa, no le huye, no lo rechaza ni le teme, sino que se involucra para ser autor y actor de su propio medio social, político, económico, ambiental. Se informa, se forma y se transforma. Conoce las posibilidades que le ofrecen las instituciones a su alrededor, las utiliza y las mejora. Va adquiriendo conciencia de su entorno, de lo ecológico, de la sensibilidad, compromiso y responsabilidad social, aprende a creer en la autogestión, en la cogestión y en la prosperidad.
EL OBJETIVO de ser Ciudadano y Ciudadana de lo Posible es ser un ente de cambio colectivo y tomar en sus manos la capacidad de transformación para construir el ecosistema social, con dignidad y respeto. Existen modos, maneras y niveles de participación ciudadana y cada una de ellas va logrando la construcción del ciudadano. Para ser un ciudadano y ciudadana de lo posible, deben descubrir su capacidad creadora y transformadora para construir la Democracia Ciudadana.

Lic. Raiza López Blanco

Nora Quevedo Labrador dijo...

La Post-Democracia, la Democracia Participativa, o cual sea el apellido que le queramos otorgar, no existe a menos que las personas participen y se involucren. Al mismo tiempo, participar e involucrarse hace del proceso ciudadano un evento en continua transformación y creación. Que no evolución. De aquí que tendemos a proponer la Democracia Ciudadana, como trascendencia de la Democracia Participativa. Ser ciudadano y ciudadana de lo posible es estar integralmente auto reconocido, empoderado y consciente del don transformador que se posee y la Democracia Ciudadana es su ambiente natural.

Nora Quevedo Labrador dijo...

Lic. Raiza López Blanco