jueves, 3 de abril de 2008

COMPORTAMIENTO DEL SUJETO

XII Congreso Colombiano de Psicología
Psicología, Paz Y Sociedad Universidad de San Buenaventura Medellin
Medellín 3 al 6 de myao 2006


HACIA EL ESTUDIO CIENTÍFICO DEL SUJETO
Jaime Samudio Diaz
La Psicología, es la ciencia que debe y puede dar cuenta del sujeto.

Las categorías: conciencia, personalidad y Yo deben reformularse que rescatar al
sujeto como actor y autor del comportamiento y responsable de cada
comportamiento y de su historia y la colectiva.



Una formulación científica del sujeto requiere la integración de aportes de las
ciencias naturales y sociales así como de contribuciones de diversos sistemas y
teorías psicológicas que sólo entregarán sus frutos luego de una crítica de sus
formas simples de teorización.


Una formulación de esta clase señala el origen sociohistórico del sujeto
relacionado con el surgimiento de las sociedades civiles y su dialéctica entre
vidas pública y privada.




Además,
cómo la jerarquización de las funciones
nerviosas sustenta la autorregulación del individuo que con la construcción de
la conciencia se convertirá en autorregulación voluntaria del sujeto.


Además,
con los aportes psicológicos permite entender cómo
el sujeto puede abstraerse
de su organismo, su contexto actual y su pasado para proyectarse hacia su idea
de futuro, lo que le es característico.


En síntesis, un esfuerzo integrador y
crítico evidencia el sustento objetivo y no metafísico de las condiciones del
sujeto ajenas a la Psicología debido al predominio del trabajo analítico y las
formas simples de pensamiento.


Bibliografía:
Gray, J. (1994). Liberalismo. Madrid: Alianza, original: 1986
Leontiev, A.N. Actividad, Conciencia y personalidad. México: Ciencias del Hombre, 1978
Luria, A.R. y Yudoviche, S.Ia.
Lenguaje y desarrollo intelectual en el niño. Madrid: Pablo del
Río, 1979
Marx, K (1857). Introducción general a la crítica de la economía política. Trad. Castellana:
Teoría marxista del método. Medellín: Ediciones tiempo crítico, 1971
Merani, A. La apertura hacia una Antropologa Concreta, en Historia Crítica de la Psicología.
Barcelona: Grijalbo, 1976, págs 5259
Samudio Díaz, Jaime. Aproximación al estudio psicológico de la libertad, en
Ángela Esmeralda Hincapié Gómez*
Alejandro Ortiz Restrepo
Universidad pontificia Bolivariana

miércoles, 2 de abril de 2008

ELOGIO ALA MUJER BRAVA...

Les comparto EXCELENTE mensaje de ELISABETH QUIROA CUELLAR DE GENEROY PAZ AMERICAS; ESTE ES UN MENSAJE PARA REFLEXIÓN Y COLOCAR EN PRACTICA PARA EVITAR EL MACHISMO, Y SU CONSECUENCIA LA VIOLENCIA DE GENERO Y DOMESTICA (PADRE, MADRE E HIJOS).

GRACIAS ELISABETH POR COMPARTIR .y DEMÁS CONTACTOS DIVULGUENLO POR FAVOR SOBRE TODO A LAS MUJERES.

Y YO LE AGREGRARIA, NO SE DEJEN ADMINISTRAR EL PECULIO PORQUE CUANDO TE LO ACABAN, CON EL CORRER DEL TIEMPO Y POR ESE ENAMORAMIENTO QUE CONSIDERO ES SOLO DE LAS MUJERES ENTREGAMOS TODO, EL HOMBRE NUNCA SE ENAMORA, LAS MUJERES SI, ENTONCES SI YA NO TIENE PECULIO O TE LLEGA LA RACHA, PORQUE LO HAS INVERTIDO EN TU HOGAR O TU HOMBRE, VUELVEN Y TE SOMETEN Y TE SUBESTIMAN, Y COMO DICE LA CANCION CUANTO TIENES CUANTO VALES.
ASI QUE NO COMAN DE CUENTO MUJERES ABRAN EL OJO.
LES HABLA LA VOZ DE LA EXPERIENCIA, Y SI NO COLOCAMOS CORRECTIVOS NOS LLEGA EN LA MADUREZ , EL DOMINIO MACHISTA CULTURALNUEVAMNETE NO PERMITAMOS MAS ESTO.

¿Y TRATEN DE CAMBIARLO ? Y VAN AVER COMO SE ACRECIENTA LA VIOLENCIA DOMESTICA CUANDO TRATAS DE CAMBIAR EL METODO.

EN CASA DE HERRERO CUCHUILLO DE PALO.Y ESO TAMBIEN TE LO SACAN AL TAPETE PARA HACERSE ELLOS LAS VICTIMAS, TE CONFRONTAN CON LOS HIJOS Y ELLOS POR SU DESPERTAD EN ADOLESCENCIA O COMENZANDO JUVENTUD SE ALIAN Y RESULTADO: YA LA VIOLENCIA MUESTRA ES LA MARAÑA EN LOS HOGARES.
Y SI LE AÑADIMOS QUE EL MALTRATADOR ANDA CON SU PARTE ESPIRTUAL EN TIENIEMBLAS NI SE DIGA POR ESO DEFIENDO MI GENERO Y LES ENSEÑO A DEFENDERSE.

UN ABRAZO

NORA QUEVEDO LABRADOR
ABOGADA ESPECIALIAZADA EN DERECHO DE FAMILIA
JUEZ DE PAZ DE CALI COLOMBIA


Elogio de la mujer brava
Estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Por: Héctor Abad
A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viejas, traumadas, solteronas, amargadas, marimachas, etc. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden.
La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros. Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bola, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran "no más usted me avisa y yo le abro las piernas", siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo y se quedan a medias).
A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan y sólo se desnudan si les da la gana. Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más, saben más, tienen más disciplina, más iniciativa y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos.
Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo.
Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras (mirémonos el pecho también nosotros y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso.
Los varones machistas, somos animalitos todavía y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza. Esas mujeres nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.
Vamos hombres, por esas mujeres bravas!!!!!!!!!!!!!--

martes, 1 de abril de 2008

VIOLENCIA DOMESTICA

VIOLENCIA DE GENERO Y CONCEPTOS AFINES

DJAMIL TONY KAHALE CARRILLO

PSICOLOGIA JURIDICA Y FORENSE VIOLENCIA DE GÉNERO Y CONCEPTOS La familia constituye una institución social con una gran importancia y trascendencia en la vida comunitaria, y a través de la cual el individuo desarrolla algunos de los aspectos más importantes de su existencia. Se la define, como el conjunto de personas entre las que median relaciones de parentesco, ya fueren de consaguinidad, afinidad o adopción, a las que la ley atribuye algún efecto jurídico. No obstante, el fenómeno de la agresión continuada y habitual no responde únicamente a las relaciones entre parientes –derivadas del reconocimiento legal–; han de tenerse en cuenta igualmente todos los vínculos afectivos que derivan de la unión de hecho de dos personas y que justifican una convivencia continuada. De forma que la violencia aparece también en las uniones estables de hecho entre un hombre y una mujer e, incluso, en relaciones de carácter homosexual. Por todo ello, se afirma que la violencia no es un fenómeno individual aislado. Es el fruto de la relación de dos o más personas. Se debe explicar en un contexto relacional, no solamente desde el sujeto agresor. Todas las personas implicadas en esta interacción son responsables de alguna forma. Cualquier individuo puede llegar a ser violento, con diferentes manifestaciones o modalidades, y puede darse en todas las clases sociales y en todas las edades.

Aunque los malos tratos en familias de niveles sociales y económicos más elevados no suelen denunciarse en las comisarías de policía.

Desde la década de los setenta se viene utilizando por las Ciencias Sociales el concepto de género, como la construcción simbólica que apunta al conjunto de atributos socioculturales establecidos a las personas a partir del sexo, y que convierte la diferencia sexual en desigualdad social.

Lo más relevante de este concepto es la diferenciación que establece entre hombres y mujeres, en el que las palabras género y sexo no son sinónimos.

Dicho en otros términos, pretende distinguir las diferencias entre mujeres y hombres que responden a la naturaleza de aquellas otras que son establecidas por la sociedad y que no son, por ende, ni inamovibles ni irremediables.
No obstante, para referirse a la violencia que ejercen ciertos hombres sobre las mujeres se han utilizado diferentes expresiones. Tales como violencia doméstica, violencia machista, violencia de sexo, violencia familiar y, finalmente, violencia de género.

La terminología de la violencia doméstica ha sido la más usada en estos últimos años.
Es la que se refiere a la violencia ejercida por el varón sobre la mujer en un lugar físico como el hogar común.
Lo relevante en esta expresión es el espacio físico en el que suelen someterse las agresiones, que en este caso es el hogar, y puede ser utilizada para referirse a las agresiones que se le hagan a la mujer, así como contra a otras personas que convivan bajo el mismo techo.

La violencia familiar se refiere a la violencia ejercida sobre personas que tienen entre sí relaciones de parentesco ya sea por consanguinidad o afinidad.

Mientras que la violencia de género es la violencia que se ejerce contra las mujeres, tanto física como psicológica, por razón de su sexo, como resultado de su situación de su tradicional situación de sometimiento al hombre en las sociedades de estructura patriarcal.

Hoy por hoy, la expresión de violencia de género se utiliza para referirse a la violencia que se ejerce por parte del sexo masculino hacia el femenino, en el que se incluyen las diferencias de trato social y cultural, que se escapan de las simples diferencias biológicas que podrían comprender la expresión violencia de sexo.

El término de violencia doméstica es el que se ha venido comúnmente utilizando tanto a nivel nacional como a nivel internacional para referirse a la violencia que las mujeres sufren por parte de sus parejas en el interior de sus hogares.

La locución violencia de género incluye, en cambio, cualquier tipo de violencia contra la mujer, independientemente de si ésta se produce por parte del compañero o por parte de un extraño o de un desconocido, o en el ámbito de la familia, de la comunidad o del Estado.

En este sentido, hay que recordar lo recogido en el artículo 2 de la Declaración de Naciones Unidas sobre la eliminación de la violencia contra la mujer expresando que la violencia de género comprende actos que pueden ser perpetrados en tres contextos distintos, diferenciando así entre la violencia en el seno de la familia, la violencia dentro de la comunidad, y la violencia cometida o tolerada desde el Estado.

Por ello, se afirma que, la causa última de la violencia contra las mujeres no ha de buscarse en la naturaleza de los vínculos familiares sino en la discriminación estructural que sufren el colectivo femenino como consecuencia de la ancestral desigualdad en la distribución de roles sociales.

La posición subordinada de la mujer respecto del varón no proviene de las características de las relaciones familiares sino de la propia estructura social fundada sobre las bases del dominio patriarcal. En la práctica, es en el contexto doméstico en el que con mayor frecuencia se manifiesta este tipo de violencia. Porque es allí donde adquieren más intensidad las relaciones entre hombre y mujer. Pero eso no significa que la familia sea la causa de la violencia de género. También las agresiones sexuales o el acoso laboral son manifestaciones de este fenómeno y nada tienen que ver con el contexto familiar. De ahí lo inapropiado de identificar violencia de género con violencia doméstica. Aunque emparentados, se trata de fenómenos diferentes, debidos a causas distintas y necesitados de respuestas penales autónomas.El concepto de violencia de género, en la actualidad, no sólo se extiende a las agresiones físicas, sino también a otros tipos de atentados contra la dignidad de la mujer, tales como:Violencia sexual (agresión sexual, violación, acoso sexual y forzamiento al ejercicio de la prostitución).Violencia psíquica (menosprecio, insultos, gritos, humillaciones, desprecio, burlas, coerción, descalificaciones, enfados, incomunicación, abandono).Violencia física (empujones, quemaduras, golpes, patadas, cortes, arañazos, mordeduras, cortes, intentos de estrangulamiento).Violencia ambiental (romper y golpear objetos, destrozar enseres, tirar las cosas).Violencia patrimonial (privación de bienes y medios necesarios para su vida habitual, control del dinero e impedimento de disponer de él, tomar decisiones unilaterales sobre su uso).Sin embargo, en una relación de maltrato pueden producirse todos los tipos de violencia descritos o alguno de ellos. Si bien, el maltrato psicológico está invariablemente asociado al maltrato físico o sexual. El objetivo principal de la violencia que el hombre ejerce en la pareja es intentar tener bajo control a la mujer, venciendo su resistencia y quitándole poder para lograr su sumisión y la de dependencia psicológica. Para lograr este objetivo es necesario: a) mantener o incrementar el dominio que ya se tiene; b) conseguirlo, si aún no se tiene; c) reafirmarlo o recuperarlo, si la mujer se rebela a la imposición; y, d) resistirse al aumento de poder de la mujer, si ésta disminuye su obediencia. Para asegurar su consecución, el uso de la violencia se convierte en una estrategia válida de forma eventual. En este sentido, la violencia es un recurso de dominación directo y ejemplar, porque produce miedo de manera anticipatorio, parálisis, control o daño, según su intensidad.En otras palabras, el maltratador utiliza diferentes estrategias y tácticas que tratan de conseguir el poder y el control total sobre la mujer al causarle un estado de miedo, pánico, terror, sumisión, dependencia y destrucción de su autoestima y equilibrio psicológico. Entre las estrategias más frecuentes utilizadas por el maltratador se destacan:La intimidación de la mujer a través de amenazas, gritos, golpes, la destrucción de objetos con el fin de crear un estado de pánico y terror.La desvalorización personal, las humillaciones, los insultos que hagan producir a la mujer la baja auto-estima, inseguridad, sentimientos de incapacidad e impotencia, tratando de destruir la confianza en sí misma.El aislamiento en su entorno familiar, social, de sus amistades, de las relaciones que puedan ser redes de apoyo, para aumentar su dependencia a hacia él y evitar que la mujer pueda tener otros criterios, comparar comportamientos, pedir y recibir ayuda.Desvalorizar a su familia, amistades o cualquier otra actividad que la mujer quiera emprender fuera de la casa con otras personas, controlando incluso sus salidas, actividades y relaciones.Demandas triviales para polarizar su atención en él y en la relación, impidiendo que pueda dedicar su energía en sí misma.Pequeñas concesiones, que crean una gran dependencia emocional, al no tener la mujer otras fuentes de afecto y relación.Culpabilizar a la mujer, reduce la violencia, se hace la víctima, provoca pena, chantajes emocionales que hacen dudar a la mujer de su responsabilidad, le impiden a ella tomar conciencia de ser víctima de malos tratos y paralizan sus intentos de terminar con esta situación.No obstante, la Ley 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género (LOIVG), define su objeto en su primer artículo, aclarando con ello el concepto de violencia de género al que se refiere. A tenor de lo dispuesto en este precepto «la presente ley tiene por objeto actuar contra la violencia que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia».De su simple lectura se desprende que es un concepto híbrido, que, a su vez, es limitado e incompleto. Es lógico que el referente a la teoría del Género se encuentre en la base de la definición, pues se considera que es un tipo de violencia que manifiesta «la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres», aunque después la ley se queda corta y no extiende su manto protector a todas las manifestaciones de violencia de género. No obstante, cabe resaltar, que en la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la Igualdad Efectiva de Mujeres y Hombres, sólo hace referencia al término de violencia de género.La fórmula legal deja fuera, en primer término, la violencia ejercida sobre las mujeres como manifestación de relaciones de poder por varones con los que no tienen lazos familiares o domésticos. Y, en segundo lugar, la practicada por quienes teniendo con la mujer un vínculo familiar, éste no es el propio de la relación de pareja, como ocurre con el padre o los hermanos. Por otra parte, el concepto expuesto tampoco se corresponde exactamente con el radio de acción de la violencia familiar o doméstica, sino tan sólo con una parte de ésta, por existir una limitación con respecto a los sujetos y por concurrir un elemento expresivo, es decir, que la violencia sea manifestación de la discriminación, de la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres. En definitiva, la LOIVG da una respuesta integral, en el sentido transversal o multidisciplinar, a un tipo muy concreto de violencia de género, es decir, la de pareja en la que la víctima es la mujer.Cabe destacar que, la LOIVG siempre utiliza la expresión «violencia de género», como si se refiriera a un concepto unívoco y para el cual no existieran sinónimos. No obstante, la seguridad de la Ley no se corresponde con la realidad, ya que ni existía antes de su promulgación un concepto jurídico de «violencia de género», ni existe al día de hoy unanimidad en relación con el alcance de este concepto en otras disciplinas. Que la expresión era discutible, quedó de manifiesto durante el proceso de elaboración de la norma, a raíz del informe que elaboró la Real Academia de la Lengua Española (RAE), a petición del Gobierno, sobre el aspecto lingüístico de la expresión. En este informe, la RAE mantenía que la aludida expresión era la traducción del inglés gender-based violence o gender violence, y que con ella se identificaba la violencia, tanto física como psicológica, que se ejerce contra las mujeres por razón de su sexo, como consecuencia de su tradicional situación de sometimiento al varón en las sociedades de estructura patriarcal.

REFERENCIASVid. LÓPEZ LÓPEZ, M., “Transformaciones recientes de la familia y políticas familiares en la Unión Europea”, Papeles de Economía Española, Nº 104, 2005, págs. 148 – 166.BARDALET VIÑALS, N., “Concepto de violencia doméstica”, en AA.VV., Estudios sobre violencia familiar y agresiones sexuales, Tomo II, Ministerio de Justicia y Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, Madrid, 2001, págs. 293 – 294.MENÉNDEZ SEBATIÁN, P. y VELASCO PORTERO, T., La incidencia de la violencia de género en el contrato de trabajo, Cinca, Madrid, 2005, pág. 27.Para una investigación más extensa de estas denominaciones. Vid. SALBER, P. y TALIAFERRO, E., Reconocimiento y prevención de la violencia doméstica en el ámbito sanitario, CEDECS, 2000, págs. 24 y ss. MONTALBAN HUERTAS, I., Perspectiva de género: criterio de interpretación internacional y constitucional, Consejo General del Poder Judicial, 2004, págs. 24 y ss.Una parte de la doctrina amplía el concepto de violencia de género, en el cual incluye los abusos sexuales a niñas, las agresiones sexuales, cualquier modalidad de acoso sexual, mutilación genital femenina, en general, todo comportamiento contrario a la dignidad de la mujer. SERRANO ARGÜESO, M., “Las posibilidades de incorporación al ámbito laboral de las víctimas de violencia de género en el ámbito familiar a la luz de las últimas reformas legislativas”, Aranzadi Social, 2004, pág. 1361.MAGARIÑOS YÁNEZ, J., El derecho contra la violencia de género, Editorial Montecorvo, Madrid, 2007, pág. 24.IBÁÑEZ GONZÁLEZ, M., Violencia doméstica en Euskadi: malos tratos a la mujer, Vitoria, Eusko Jaurlaritza/Gobierno Vasco, 2004, pág. 39.LAURENZO COPELLO, P., Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología. 2005, núm. 07-08, pág. 08: 4.INSTITUTO DE LA MUJER, La atención sociosanitaria ante la violencia contra las mujeres, Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, Madrid, 2005, págs. 27 – 29.Ibidem, pág. 30.Boletín Oficial del Estado nº 313, de 29 de diciembre de 2004.La Ley utiliza el término de «violencia de género» y no el de «violencia contra la mujer» acuñando así la terminología utilizada desde la IV Conferencia Mundial de Mujeres de Pekín de 1995.Boletín Oficial del Estado nº 71, de 23 de marzo de 2007.Un estudio de la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la Igualdad Efectiva de Mujeres y Hombres. Vid. ESCUDERO RODRÍGUEZ, R., “Planes de igualdad en la Ley Orgánica 3/2007, de igualdad efectiva entre mujeres y hombres”, Relaciones Laborales, Nº 9, 2007, págs. 61 – 94. GARCÍA-PERROTE ESCARTÍN, I. y MERCADER UGUINA, J., “Afinidades entre la ley y la jurisprudencia: el ejemplo de la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres”, Justicia Laboral, Nº 30, 2007, págs. 5 – 10. PÉREZ DEL RÍO, M., “La Ley Orgánica de Igualdad Efectiva entre Mujeres y Hombres: aproximación para el debate”, Revista de Derecho Social, Nº 37, 2007, págs. 223 – 250. PANIZO ROBLES, J., Igualdad de género, conciliación familiar y laboral y Seguridad Social (a propósito de la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres), Centro de Estudios Financieros. Revista de Trabajo y Seguridad Social, Nº 290, 2007, págs. 3 – 98. MOLINA NAVARRETE, C., “El impacto laboral de la «Ley de Igualdad de Sexos»: lo que queda después de vender el «humo político»”, Centro de Estudios Financieros. Revista de Trabajo y Seguridad Social, Nº 290, 2007, págs. 99 – 158.En el caso de la violencia en el trabajo. Vid. SERRANO AGÜESO, M., “Las posibilidades de incorporación al mercado laboral de las víctimas de violencia de género en el ámbito familiar a la luz de las últimas reformas legislativas”, Aranzadi Social, Nº 20, 2004.Cfr. La crítica realizada respecto al distinto tratamiento de los hombres y las mujeres cuando son víctimas o autores de violencia de género en el ámbito penal por BOLDOVA PASAMAR, M. y RUEDA MARTÍN, M., “La discriminación positiva de la mujer en el ámbito penal (reflexiones de urgencia sobre la tramitación del Proyecto de LOIVG de medidas de protección integral contra la violencia de género)”, Aequalitas, Nº 15, 2004, págs. 65 – 73.MENÉNDEZ SEBATIÁN, P. y VELASCO PORTERO, T., La incidencia de la violencia de género en el contrato de trabajo, op. cit., págs. 26 – 27. MENÉNDEZ SEBASTIÁN, P. y VELASCO PORTERO, T., “La suspensión del contrato de trabajo de las víctimas de violencia de género como medida de protección integral. Mucho ruido y pocas nueces”, Centro de Estudios Financieros. Revista de Trabajo y Seguridad Social, Nº 271, 2005, pág. 11.La Ley 30/2003, de 13 de octubre sobre medidas para incorporar la valoración del impacto de género en las disposiciones normativas que elabore el gobierno utiliza en vez del concepto sexo, término referido a las diferencias físicas entre hombres y mujeres, el de género, término referido a las diferencias sociales asociadas al sexo. LOUSADA AROCHENA, F., “El informe sobre el impacto de género en la elaboración normativa”, Diario La Ley, año XXV, Nº 6092, 23 de septiembre de 2004, pág. 3.Vid. La página web oficial de la Real Academia de la Lengua Española: www.rae.esLa doctrina ha criticado el uso del anglicismo «violencia de género». Vid. MARTÍN VALVERDE, A., “disposiciones legales y sociales de la «Ley de protección integral contra la violencia de género»”, Tribuna Social, Nº 174, 2005, pág. 55.En este mismo documento, la RAE se refería a otras expresiones usadas en la lengua española para expresar el concepto, tales como «violencia doméstica», «violencia intrafamiliar», «violencia de pareja» y «discriminación por razón de sexo». Aconsejando al Gobierno que rubricase el texto legal bajo la expresión «Ley integral contra la violencia doméstica o por razón de sexo». Vid. LOUSADA AROCHENA, Fernando, «El informe sobre el impacto de género en la elaboración normativa», Diario La Ley, año XXV, núm. 6092, 23 de septiembre de 2004, pág. 3.

(TOMADO DEL V CONGRESO VIRTUAL DE PSICOLOGÍA JURIDICA Y FORENSE)