jueves, 4 de febrero de 2010

Hoy el “Desayuno Nacional de Oración”

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El pensamiento operatorio o el tabú de pensar

Jaume Patuel, 03-Febrero-2010

Queríamos publicar algo que continuara las cuestiones abiertas por Héctor sobre mentalidades el 18 de Enero y lo suscitado por Juan y José luis sobre los diálogos en ATRIO el día 30. Pero preferimos que vaya por delante esta aportación de nuestro colaborador psicoanalista y pedapsicagogo, que se puede aplicar al funcionamiento de un portal como este que invita a que cada uno piense siempre por su cuenta.

Nuestro sistema de enseñanza, que no es el de educación por mucho que ciertas personas, políticos, psicólogos y otros lo deseen, está basado en las investigaciones de Jean Piaget (1870-1980), psicólogo suizo, que hizo el estudio del desarrollo de la inteligencia. Por lo tanto, sólo enseñanza del intelecto. Por otra parte, la educación está al alcance de toda la sociedad y ella es también muy responsable de la misma.

Efectivamente, Piaget nos presenta la evolución del intelecto en una primera etapa (período sensomotor) que son los dos primeros años. Etapa importantísima donde el afecto fundamenta el desarrollo del infante… Momento en que los padres tienen un gran peso. Donde es preciso la presencia y comunicación o vinculación de los padres con el niño o la niña.

La segunda etapa es la de las operaciones concretas. Esta etapa está dividida en dos períodos. El primer período de los 2 a los 7 años, que coinciden con la etapa infantil y el primer ciclo de la etapa de primaria. Lástima que no sea unitaria. Sería una forma de evitar ya mucho el fracaso escolar. El segundo período de las operaciones concretas abarca de los 7/8 años a los 11/12 años. Es una etapa, a mi parecer, mucho más importante que la etapa siguiente, que es la secundaria obligatoria (ESO)

Y ésta, ESO, llamada de las operaciones formales (de los 12 a los 16 años), se trabaja el aprender a hacer abstracción. No todos los autores están de acuerdo que ésta sea tan universal y que hayan de pasarla todos. Pero sí que es la etapa donde se ayuda y se aprende a pensar.

A nivel del sistema de enseñanza, esta etapa corresponde a la etapa secundaria obligatoria, es decir la ESO. Aquí es donde se empieza a manifestarse el fracaso escolar. Época de pensar. Tiempo en aprender a reflexionar. Una edad volcánica. Y el sistema de enseñanza occidental no está preparado para responder a sus demandas. ¿Cuántos contenidos se enseñan y que motiven al alumnado?

No es mi intención en este artículo entretenerme con el problema real, grave e importante del fracaso escolar, que tiene muchas variables o muchos factores. El sistema no puede absorber la gran diversidad. Y todo el mundo debe pasar por el mismo rasero. Inicio del fracaso.

En cambio, me gustaría compartir con la persona lectora unas reflexiones sobre la etapa de las operaciones concretas. Y esta etapa aplicada a nuestra sociedad, a los núcleos familiares.

Nuestra sociedad está bien controlada y favorece permanecer en la etapa de las operaciones concretas. No hay un interés para que la gente reflexione, piense por si misma o puede expresar su opinión diferente por encima de la que priva en unos momentos o la que indica el poder de turno, sea de la clase que sea. O los últimos modelos de coche o ropa.

El sistema quiere operaciones concretas. Obediencia al pie de la letra. Cumplir órdenes y no discutir nada. Esto se puede llevar a acabo con una gran responsabilidad, pero ¿es suficiente?

Me llamó la atención, lo pongo como un ejemplo, La Vanguardia del día 3 de enero del presente año, la cual presentaba un estudio sobre la “mentalidad del funcionario” (y se puede aplicar a otras entidades), del cual tenemos un tópico más bien negativo y basado en la realidad; pero también hay, por otro lado, funcionarios abiertos, atentos y con otros cualidades muy sociales y con plena conciencia de hacer un servicio público con responsabilidad. A pesar de todo, como dice el estudio, les falta iniciativa y no son innovadores. La gran dificultad la encuentran en hacer interpretaciones legales abiertas que piden el compromiso y la reflexión.

Y lo mismo podríamos decir de otras mentalidades de súbditos y de jerarquía, como podrían ser las entidades financieras, las grandes cadenas, etcétera, donde la etapa de las operaciones es la base de todo el funcionamiento, es decir, no pensar ni reflexionar sino hacer cosas concretas y estas bien hechas aunque sea obsesivas y poco razonables. Es preciso ver la cantidad innecesaria de videos-vigilancia donde sale de todo. Pero la gestión que se hace no manifiesta la razonabilidad, la comprensión y la situación de caso por caso. La ley tiene la última palabra que es la foto y no el contexto. Cuántos ejemplos pueden venir a la cabeza de la persona lectora.

Todo esto sería muy válido si en los casos concretos, esta mentalidad “funcionarial”, en sentido muy amplio, fuese capaz de saber ir más allá de forma responsable y sin faltar a la ley, a la realización de la razón justa por encima de los intereses implicados, pero negados verbalmente

¿Dónde podemos encontrar el problema o la dificultad? Siguiendo al mismo Piaget, que comparaba el intelecto con el motor del coche. Pero para que el motor que el motor funcione le es preciso la gasolina. De no ser así, no se pone en marcha o si se pone la gasolina defectuosa daña al motor y lo estropea. Es decir, provoca la incapacidad de reflexionar o tener una adecuada empatía, ponerse en la piel del otro. Piaget citaba en esta comparación los descubrimientos de Freud en cuanto se referían al mundo emocional, al mundo de los afectos y sentimientos. Piaget sabía que a una buena inteligencia o motor, le era preciso una verdadera madurez emocional o gasolina de calidad.

Las operaciones concretas es el estadio donde se encuentra una gran parte de personas del sistema. Es interesante ver la propaganda que se hace para ocupar ciertos lugares del sistema: Es suficiente el graduado escolar o sólo la etapa de las operaciones concretas o el tabú de pensar. Hay que ver como en las pruebas la memoria es el recurso por encima de todo antes que una inteligencia o cociente emocional.

La etapa de las operaciones concretas está impregnada o imbuida del mundo mágico, mítico y de creencias impuestas. Por lo tanto, como consecuencias o expresiones de la conducta de estar en esta etapa operatoria concreta, podríamos ver actitudes emocionales como, entre muchas otras, la rigidez, la paranoia, la obsesión en los detalles. También la imposibilidad de realizar una interpretación razonable, adecuada y justa de la ley. Se siente demasiado comprometido y no puede asumirlo ni consultar. El narcisismo empuja a creer que él tiene la última palabra y se siente omnipotente ante la debilidad, indefensión o impotencia del otro. Por otra parte, se siente protegido por su uniforme o por la ventanilla o por el bloc de notas o por la mesa. Ante esta barrera infranqueable, nos podemos encontrar sin diálogo. Y si hay diálogo por parte del que hace la demanda, la persona de mente funcionarial puede reaccionar con la aplicación de castigos de acuerdo con la ley o inspecciones severas o irracionales. Incluso llegando a denegar el permiso solicitado o el suspenso de la materia. Entonces hay que recorrer a la instancia superior donde uno piensa encontrar la etapa de las operaciones formales, lógicas, racionales y una cierta madurez humana. Por lo tanto, la posibilidad de diálogo y solución al problema.

A mi pobre entender, creo que es preciso una gran labor o faena para que la etapa formal, de abstracción, de razonamiento (más allá del sencillo y simple silogismo) la gente pueda llegar a elaborar y manifestar su propio pensamiento, su propia reflexión, su propio criterio para la resolución posible de problemas concretos humanos. Y así poder superar el tabú de pensar.

[Artículo enviado directamente por el autor a ATRIO, que ha sido publicado también en

DIARI DIGITAL DE MATARO ]

Tema: Educación, Sociedad

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