sábado, 17 de marzo de 2012

Para tener en cuenta como padres!

Aprender a tomar decisiones

Ser responsable no sólo es cumplir debidamente lo que se manda. Eso sería obediencia; es algo más, es
saber elegir y decidir por uno mismo, con eficacia, en aquello que es propio de su nivel de madurez o experiencia.
Hay que dar oportunidades, desde muy temprano, para que el niño elija juegos, ropa, qué libro quiere que
se le lea, qué desea merendar, etc. Una vez hecha la elección, la debe llevar hasta el final y no se le deben
permitir conductas caprichosas. Tiene que experimentar las consecuencias de una elección equivocada. Por
ejemplo: aburrimiento, cansancio, malestar, etc. Esta lección le servirá para ser más reflexivo y valorar aspectos positivos y negativos de lo que vaya a elegir.
Aprender a tomar decisiones le ayudará a resolver sus necesidades y las de los demás.
La indecisión es una forma de irresponsabilidad. Es dejar la carga para que otros resuelvan lo que uno no se
atreve o no quiere hacer.
En los niños pequeños es normal y frecuente que no decidan nada, aunque deberían presentárseles ocasiones para hacerlo. Al principio habrá que enseñarles dándoles dos posibilidades: “¿Qué quieres para merendar, chorizo o mortadela? ¿Qué jersey quieres ponerte, el rojo o el azul? ¿Qué le compramos a tu hermano, un juguete o un puzzle?” Después se puede pasar a presentarle tres o más alternativas y, cuando elija,
debe explicar el porqué de su decisión.
Pedir que se razonen las decisiones es el modo de enseñar a no obrar de un modo
caprichoso o impulsivo.
Es muy importante que vayan participando en otras decisiones familiares mientras observan cómo los
padres sopesan las ventajas e inconvenientes.
Es frecuente que los niños pregunten: "¿Qué hago?" y una vez que obtienen una respuesta, la rechacen. Es
un modo de llamar la atención del adulto o una incapacidad para afrontar decisiones.
Cuando el niño tiene poca confianza en sí mismo deberemos ayudarle proponiéndole elecciones que supongan poco riesgo y ayudándole con pautas que faciliten su elección:
“¿Qué prefieres llevar a la plaza, el balón o la bici? ¿Qué ponemos de postre, manzana o yogur?”
Es bueno que los padres pidan sugerencias a los hijos para resolver alguna situación problemática cotidiana.

Estableciendo Límites:
Uno de los objetivos principales que debemos plantearnos las madres y los padres es que nuestros hijos e
hijas vayan integrándose en los diversos ámbitos de la vida, conociendo sus deberes y derechos, alcanzando
una madurez y responsabilidad progresivas.
Educar con este planteamiento va a evitar situaciones de dependencia, inmadurez social e inseguridad. Es
conveniente demostrar que la familia se organiza y avanza si entre todos responden a sus necesidades, cada
cual de acuerdo con sus posibilidades.
A menudo, escuchamos a padres y madres: "quiero que mi hijo/a sea feliz", pensando que esto se logra evitándoles las dificultades que encuentran, anticipándose a sus deseos, dándoles cuanto piden o cediendo ante
cualquier resistencia o contrariedad. Precisamente, estas actuaciones, aunque de momento suponen para el
niño/a una satisfacción, a medio y largo plazo van a ser obstáculos que irán creciendo como una bola de
nieve y que van a impedir o dificultar el proceso o camino de adquisición de la responsabilidad.
Librar a nuestras hijas e hijos de las dificultades o de los sinsabores, hacerles las cosas que por su edad debieran hacer ellos es una manera segura de hacerlos débiles, indecisos y, en definitiva, de frenar su proceso natural
de crecimiento personal.
Es necesario desterrar toda forma de autoritarismo en el modo de mandar. Las normas de nuestro hogar
tienen que ser pocas, claras y bien comprendidas.
El niño/a tiene que saber lo que debe o no debe hacer, así como las consecuencias de incumplir lo acordado.
Asimismo, las madres y los padres deben evitar actitudes permisivas y educar gradualmente en la capacidad
de esfuerzo y responsabilidad.
Es imprescindible dictar las normas desde el afecto y no dejándose llevar por el nerviosismo del momento, el
capricho o el interés por dominar al niño/a. Deben formularse de manera positiva, no a modo de decálogo
de prohibiciones y deben ser razonadas, para que nuestros hijos e hijas comprendan los motivos de éstas y
para que piensen y decidan por sí mismos sin necesidad de órdenes impositivas.
Es importante que estemos atentos a las buenas conductas para reforzarlas y alabarlas con frecuencia. A
veces, les reprendemos y nos olvidamos de reconocer las cosas bien hechas, motivo por el cual se encuentran
con escasa ilusión por hacer nuevas tareas y se produce el consiguiente y lamentable descenso de su autoestima.23
Hay que dejar claro que es su conducta inadecuada la que nos enfada y disgusta pero que, como persona e
hijo/a, le seguimos queriendo igual. Hay que desterrar las descalificaciones globales del tipo: "¡Ya sabía que
lo ibas a hacer mal!" o "¡Eres un inútil!"
Para lograr que nuestras hijas e hijos sean responsables y disciplinados, no debemos olvidar que todas las
personas aprendemos con la práctica. Las palabras se las lleva el viento; es el ejemplo lo que cala en lo más
hondo; por eso padres y madres somos modelos insustituibles en el proceso de adquisición de hábitos responsables. Así, es fundamental mostrarnos con autodisciplina, control y dominio de nosotros mismos en los
actos de nuestra vida diaria.

Para tener en cuenta y presente:
1 - Buscar ocasiones para alabar con realismo y precisión.
2 - Señalar límites adecuados y concretos a las acciones que no deseas que
repitan tus hijos/hijas.
3 - Dejar claras las normas de comportamiento.
4 - Reconocer y valorar su esfuerzo, no sólo el resultado final.
5 - Transmitir entusiasmo e implicarte en los asuntos e intereses de tus hijos.
6 - Comprender que debe desenvolverse solo ante las dificultades y felicitarle
cuando las resuelva adecuadamente.
7 - Escuchar con paciencia y sin interferencias de televisión, radio, etc.
8 - Considerar que vosotros, padre y madre, sois modelos constantes de
referencia y que os van a imitar.
9 - Favorecer la participación de los hijos e hijas para decidir algunos asuntos
y elegir entre posibilidades.
10 - Invitar a tus hijos a contar sus experiencias para crear un clima de
confianza y diálogo.
11 - Hacer referencia a la conducta que no os parece adecuada y no
mezclarla con otras conductas anteriores.
12 - Ayudarles a verse de modo realista, reconociendo sus valoresy sus
dificultades.

Apartes de Educaión de navarra.es

1 comentario:

Nora Quevedo Labrador dijo...

Amor, formar y educar hijos en el amor.En el amor a Dios para que nos ´de sabiduría, paciencia en nuestra función de padres.