martes, 7 de septiembre de 2010

Carta al Ministro de Justicia de Colombia

Yolanda Reyes

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Carta al Ministro de Justicia

Señor Germán Vargas Lleras: me dirijo a usted, no solo como Ministro del Interior y de Justicia ni como ponente en el Senado de la Ley de Infancia y Adolescencia del 2006, sino como padre de familia. Ese rol que le conocimos al final de la campaña electoral y que cambió su imagen de hombre adusto por la de papá orgulloso me hace pensar que puede ponerse en las botas de los adolescentes a quienes usted propuso hacer pagar sus delitos en cárceles de adultos. No ignoro que la situación de la Comuna 13 es la punta del iceberg de una epidemia nacional de la cual ellos son víctimas y victimarios. Sin embargo, la complejidad misma del problema requiere que pensemos en fórmulas menos simplistas que las de incrementarles el castigo.

Esos muchachos, ministro, son el último eslabón, y el más frágil, de una cadena de acciones y omisiones. Las coordenadas de su historia se ubican, al igual que la de nuestros hijos, entre el Palacio de Justicia, el exterminio de la UP, los magnicidios de Galán y de Pizarro, las bombas del avión de Avianca y de El Nogal y entre incontables tomas guerrilleras y masacres. No ha sido fácil criar niños en estas circunstancias, pero a los nuestros logramos sacarlos adelante, lo que, en el fondo, es otra prueba más de inequidad.

La inequidad ha sido la herencia de esos menores y, desde antes de nacer, su vida ha sido una sucesión infortunada de accidentes. Su árbol genealógico ha sido abonado con la muerte, el abuso sexual y todo tipo de violencias, desplazamientos y abandonos.

Entre sus parientes figuran madres adolescentes, sicarios, vendedores de drogas, paracos, guerrilleros y gente buena, como sucede en todas las familias.

Sin embargo, la ausencia de un Estado que garantice derechos básicos como nutrición, salud, educación y seguridad se mezcla con esas circunstancias para ponerlos en la mira de los grupos ilegales. Cada vez hay más evidencia para demostrar que, a mayor vulneración de derechos, mayor es el riesgo delictivo. Eso tiene relación con la justicia, por supuesto. Pero no me refiero solo a la justicia procesal, sino también a la social.

Usted sabe, porque es padre, que las normas son imprescindibles para los niños y que esos límites, a veces incómodos, que fijamos los padres desde el comienzo de la vida, son una forma de proteger y de querer. Sabe también que en el hogar se viven las ideas esenciales sobre la ley y la justicia y esa experiencia de ser amado, contenido y educado es la matriz para conquistar la propia autonomía. Se trata de un proceso paulatino, que luego se comparte con la escuela y que no está exento de momentos críticos. La adolescencia, seguro lo recuerda, requiere, más que nunca, la presencia de padres, maestros y modelos adultos dignos de imitación e inspiración. Y aunque a esos adolescentes los "hayan levantado a golpes", la evidencia demuestra que no han tenido esos modelos ni esos marcos.

Desde la Convención de los Derechos del Niño de 1989, que coincide con nuestro tiempo de ser padres, el mundo convino en llamar "niños" a las personas menores de 18 y ese acuerdo descansa sobre la consideración de que los humanos somos la especie que más tiempo tarda en desarrollarse. Si bien nuestra Constitución del 91 se ajustó a ese marco, la Ley de Infancia consideró a los mayores de 14 sujetos responsables penalmente, pero les garantizó procedimientos especiales, reconociendo en la sanción no solo una forma de hacerlos responder por los delitos y reparar los daños, sino quizás la última oportunidad educativa que se merecen, al final de su niñez.

Dígame, señor ministro, si esos adolescentes en quienes nunca reparamos y a quienes tampoco hemos reparado de tantos daños y perjuicios deben ser juzgados por la misma justicia que no sanciona a los adultos que les niegan sus derechos y que los utilizan como carne de esta guerra interminable.

Con esta impunidad que tiene sueltos a los grandes capos, ¿sinceramente cree que la solución es endurecerles los castigos a quienes han sido ya tan duramente castigados?

Yolanda Reyes