martes, 27 de octubre de 2009

El VarónProstituyente....

El Varón Prostituyente (Cliente), responsable directo de la trata de Mujeres y la Prostitución PDF Imprimir E-mail
Escrito por Julian Fernández de Quero

Buenas tardes a todas las personas presentes, mi agradecimiento a Médicos del Mundo por habernos invitado y a todas vosotras por vuestra participación. Intervengo en representación de la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género (AHIGE), entidad que, desde el reconocimiento de la lucha del movimiento feminista por la liberación de la mujer y aprendiendo de ellas, realiza sus actividades dirigidas a los hombres para explicarles las raíces del machismo y apoyarles en el cambio personal y social hacia una sociedad igualitaria, cambio no sólo necesario por justicia social, sino por los beneficios que reporta a los propios hombres al liberarles de las cargas y prejuicios de la Cultura de los Géneros.

Quiero comenzar advirtiendo que mi ponencia es una suma de argumentos y razones que justifican y apoyan las tesis abolicionistas de la prostitución y de la trata de mujeres, tesis que, en contra de la opinión de otras personas, como la de Inma Mayol, concejala del Ayuntamiento de Barcelona y miembro de ICV, que las etiqueta de “estéticas” e “ingenuas”, están demostrando ser realizables, posibles y eficaces.

En 1999, el Parlamento de Suecia, compuesto por una mayoría de mujeres diputadas (dato que no es irrelevante) promulgó la Ley contra la Trata de Mujeres y la Prostitución. Después de diez años de aplicación práctica de la ley, podemos hablar del éxito de la misma, con datos como que, de las 6.000 mujeres prostituidas en 1999, el 90 % han dejado de estar en esa situación gracias a las medidas de protección y ayuda que la misma ley desarrollaba. Las mafias de trata de mujeres han tenido que deslocalizarse hacia países más tolerantes, como Finlandia, Holanda o Alemania o han construido prostíbulos marítimos en barcos anclados en aguas internacionales.

Este último dato, está siendo utilizado como crítica contra la ley sueca, argumentando que no ha sido capaz de acabar con la prostitución. Sin embargo, el hecho de que las mafias hayan tenido que emigrar a otros países o al mar, expresa, al mismo tiempo, la eficacia de la ley y sus límites, es decir, constata que la lucha contra la trata de mujeres y la prostitución, al igual que otras luchas contra la explotación laboral infantil o contra la esclavitud o contra el tráfico de drogas o de armas, no se puede realizar al cien por cien en un solo país, sino que requiere de leyes internacionales que actúen a nivel planetario. A nadie se le ocurre criticar las leyes abolicionistas europeas de la explotación infantil, a pesar de que las multinacionales deslocalicen sus empresas para llevarlas al continente asiático para explotar a la infancia y la adolescencia y así engordar sus beneficios. Si en la India hay ochenta millones de niños y niñas explotados laboralmente, el problema lo tiene la India y no los países europeos que tienen leyes que lo prohíben. Si las mafias de la trata de mujeres y de la prostitución han emigrado a Finlandia, a otros países o al mar, no es un argumento en contra de la ley sueca, sino de las leyes que rigen esos países y del derecho internacional que lo tolera.

La mejor prueba de que la ley sueca funciona, la encontramos en el hecho de que, este año, otros países como Noruega o Islandia, aprendiendo del país vecino, han decidido promulgar leyes similares. Nuestra esperanza está puesta en que el ejemplo se extienda como una mancha de aceite a todo el mundo.

Un dato que merece la pena ser reseñado es el hecho de que, las 6.000 personas prostituidas en Suecia en 1999, era un porcentaje insignificante comparado con las 300.000 o 400.000 mujeres prostituidas que se dice actúan en nuestro país. Este dato refuerza el argumento ya utilizado desde hace tiempo, de que la demanda prostituidora en Suecia estaba compuesta principalmente por varones inmigrantes o ejecutivos de otros países, mientras que los varones suecos en su mayoría no utilizaban la prostitución, entre otras razones, porque en Suecia, desde 1935, es obligatoria como asignatura la educación sexual y son ya muchas las generaciones de alumnos y alumnas de dicho país, que crecen con un conocimiento científico y una formación actitudinal positiva hacia el tema de la sexualidad humana y su desarrollo.

La eficacia de la ley sueca parte de dos criterios fundamentales: El primero, considerar a las mujeres prostituidas como víctimas de la situación que genera la prostitución. Este criterio implica que las mujeres prostituidas no son perseguidas, ni detenidas, ni expulsadas en el caso de mujeres inmigrantes sin papeles, sino que la ley les ofrece todas las posibilidades de protección y apoyo para que salgan de esa situación y puedan integrarse dignamente en la sociedad.

El segundo criterio, es centrar la atención en los varones prostituyentes (llamados en otros foros, clientes), considerándolos los verdaderos responsables de la prostitución, puesto que la demanda que ellos representan, crea la oferta, y es evidente que si las mafias de trata de mujeres y redes de prostitución no contaran con esa demanda, no extenderían sus negocios ni invertirían en ellos. Por eso, la ley sueca pone en práctica medidas coactivas contra los varones prostituyentes, las mafias y los proxenetas, incluidos los medios de comunicación que se benefician con la publicidad de la prostitución, al mismo tiempo que apoya los programas dirigidos a hombres para ayudarles a superar los prejuicios del machismo patriarcal y cambiar sus actitudes hacia las mujeres.

Estas medidas coactivas han sido muy criticadas por muchas personas, en nombre de la libertad individual y de mercado. Sin embargo, todo el mundo está de acuerdo en considerar que la principal tarea que tienen los padres y madres en la educación de la infancia, consiste precisamente en enseñarles los límites que tienen sus deseos, aprender a regularlos y controlarlos en función de las posibilidades que ofrece la realidad. La enseñanza de los límites y la autoregulación de los deseos, exige a las personas adultas actuar coactivamente con la infancia, castigándoles y prohibiéndoles cosas cuando son desobedecidos. Pues bien, los varones prostituyentes son niños grandes que no han aprendido a autoregular y encauzar sus deseos, adaptándolos a los límites que impone la dignidad de las mujeres y su reconocimiento como sujetos con derechos, iguales a ellos.

Ahora bien, ¿de dónde proceden las fuentes de socialización de los varones prostituyentes para que actúen cómo actúan? Estas fuentes provienen de las estructuras ideológicas que construyen el Patriarcado y el Capitalismo.

El Patriarcado, al clasificar a las personas según los géneros masculino y femenino, otorgando a los hombres el estatus de amos y señores de las mujeres, sitúa a éstas en el papel de objetos al servicio de los primeros, estableciendo una relación entre los dos géneros de dominación-sumisión, claramente discriminatoria para las mujeres. Ya los griegos lo tenían claro: Demóstenes, en su Carta contra Nerea, clasifica a las mujeres en tres grupos: “Las cortesanas para el placer (de ellos), las concubinas para los cuidados cotidianos (de ellos) y las esposas para continuar la estirpe legítima y conservar el calor del hogar (de ellos)”. El pater familias romano tenía poder de vida y muerte sobre su esposa, hijas e hijos y esclavos y esclavas. En el derecho civil griego, romano y feudal, el patrimonio era del hombre y, a su muerte, pasaba en herencia a su hijo primogénito y, en ausencia de éste, a su hermano. La esposa y las hijas formaban parte de la herencia como una pertenencia más.

Esta cosificación de las mujeres necesitaba una justificación ideológica (como en el caso de los esclavos y las esclavas) y el argumento fue la deshumanización de la mujer. Aristóteles decía que “la mujer es un ser intermedio entre el hombre y la naturaleza” y en un Concilio, la Iglesia Católica declaró que la mujer no tenía alma. Deshumanizada la mujer, convertida en una especie de animal, se podía cometer con ella todo tipo de tropelías.

Estos prejuicios y creencias alimentados por la Cultura de los Géneros durante miles de años, son los que perviven en las mentes de los varones prostituyentes, que cosifican a la mujer prostituida convirtiéndola en un cuerpo a su servicio, que puede comprar y usar como le dicte su deseo, como si fuera una muñeca hinchable.

Durante miles de años, la imposición de relaciones sexuales por la fuerza (lo que ahora llamamos violación y abuso sexual y está recogido en el código penal) hizo innecesaria la existencia de la prostitución. Los varones satisfacían sus deseos obligando a las mujeres por su condición de esclavas, concubinas, cortesanas, siervas de la gleba o proletarias, incluso con sus mismas esposas, aunque estuviese mal visto a nivel social, defecto normativo que repararon la religión y la burguesía, introduciendo el llamado “débito conyugal” dentro del matrimonio, es decir, institucionalizando y legitimando la violación. Las castas sacerdotales fueron precisamente las que inventaron el proxenetismo, cuando establecieron el rito de paso para las niñas de ofrecer servicios sexuales a los feligreses que iban al templo y depositaban su óbolo en forma de dinero, como forma de alcanzar la adultez. Fue la llamada prostitución sagrada, en la que las adolescentes no cobraban nada por sus servicios y eran los sacerdotes los que se enriquecían con el tráfico sexual.

La prostitución tal como la conocemos ahora, surge con fuerza con la llegada de la burguesía al poder, en el siglo XVIII. Los varones burgueses, al igual que los griegos, dividen a las mujeres en dos grupos: Las decentes cuya función en la vida era convertirse en esposas y madres asexuadas y castas, y las viciosas, que terminaban siendo prostituidas para satisfacer los deseos reprimidos de los burgueses casados. Una socialización que durante miles de años ha transmitido a los hombres las ideas de que las mujeres no son humanas, sino objetos propiedad de los varones, que estos pueden usar como quieran, es la ideología patriarcal y machista que impulsa a los varones prostituyentes a mantener una demanda responsable de que surja la oferta en sus más variados tipos. Hablar del acto prostituyente como violencia de género no es una exageración, como afirman algunas personas, sino una definición adecuada y pertinente, ya que al haberse conseguido que la violencia física sobre las mujeres sea socialmente considerada un delito, la fuerza física ha sido transformada simbólicamente en dinero, como expresión de ese poder dominante que el hombre tiene sobre la mujer.

El Capitalismo, segunda fuente de socialización de los varones prostituyentes, organiza toda la vida social en torno a dos fenómenos: La producción y el consumo. En su primera etapa inicial, el capitalismo se centró en la producción y eso requería un gran esfuerzo de acumulación de capital, por lo que la moral justificativa inducía a las personas a ser ahorradoras mediante el puritanismo clásico religioso. No gastar, no consumir, familias austeras y trabajadoras, mujeres decentes y pudibundas, prostitución como vía de desahogo de las necesidades fisiológicas de los varones. Esta organización económica y social produjo la crisis del 29 y dos Guerras Mundiales.

Al finalizar la II Guerra Mundial, el capitalismo aprende de sus errores y comprende que para producir desenfrenadamente, es necesario que la gente consuma también desenfrenadamente, para evitar las sobreproducciones y el parón del circuito. La rueda completa de la economía capitalista es producción y consumo. Este cambio requiere una moral más liberal, laxa y permisiva. Todo se convierte en mercancía, en producto susceptible de ser manejado según las leyes del Mercado. La prostitución cobra un auge tremendo, la demanda se amplía constantemente, provocando el aumento de la oferta, las mafias se internacionalizan y la trata de mujeres y niñas para la explotación sexual, como han denunciado organizaciones tan solventes como Save the Children, se convierte en uno de los tres negocios ilegales, junto con el narcotráfico y el tráfico de armas, más rentables del mundo.

Para el varón prostituyente, socializado por el patriarcado en la creencia de que la mujer es un objeto de su propiedad, con derecho a someterla, maltratarla y usarla como quiera, la nueva ideología viene a reforzar y ampliar sus viejos prejuicios. Ahora, además, puede comprarla y venderla. Estas dos fuentes de socialización del varón prostituyente le convierten en responsable directo de la trata de mujeres y de la prostitución, por formar parte de la demanda que nutre y mantiene a la oferta. La responsabilidad individual del varón prostituyente es plena, aunque no sea consciente de lo que hace o ignore las razones profundas de su comportamiento. Desde que las relaciones sociales en nuestro país se rigen por los principios democráticos de libertad, igualdad y justicia social, tal como están recogidos en la Constitución, la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento y es evidente que en el acto prostituyente, se incumple esos principios.

Por supuesto, también las instituciones públicas son responsables, por acción u omisión, de que la prostitución siga siendo una práctica tolerada y extendida, por ausencia de leyes y medidas que luchen contra esta lacra con la misma eficacia (a ser posible, mayor) con la que se lucha contra el trabajo infantil, la esclavitud, el tráfico de órganos o el narcotráfico. Que el contenido mayoritario de los medios de comunicación y de la cultura del ocio, siga siendo sexista, homófobo y machista (y se pueden poner múltiples ejemplos prácticos) y que en la enseñanza no se contemple la educación sexual y afectiva como una asignatura obligatoria, hace que la demanda crezca y con ella la oferta, tanto en la prostitución como en la trata de mujeres.

También es preciso añadir la importancia que, en el mercado moderno tiene la publicidad como instrumento para generar demanda. Beatriz Preciado, en su “Testo yonqui” etiqueta la actual etapa de uso de la sexualidad como tecnología del poder, como etapa “farmacopornográfica”, definiendo la misma como el contubernio implícito y explicito que se da entre las industrias de la imagen (televisión, cine, pasarelas, revistas, etc.) para someter a las personas a una sobreestimulación erótica que las industrias farmacéuticas aprovechan para vender todo tipo de medicamentos y productos que induzcan a su satisfacción parcial (porque nunca la satisfacción es completa) como viagras, geles, parches, modas, cirugía estética, etc..

ALTERNATIVAS A LA SITUACIÓN ACTUAL:

Este es el debate al que estamos asistiendo actualmente y en el que los distintos agentes sociales se posicionan en tres posturas: Regulación y legalización de la prostitución, abolición de la misma o dejar las cosas como están, poniendo el acento en la persecución de las mafias de la trata de mujeres.

Mi posición es a favor de la abolición y pienso que como medidas inmediatas se podría copiar la ley sueca con las adaptaciones que necesitara la realidad de nuestro país. Se podrían agrupar las medidas en dos grandes apartados:

1. MEDIDAS COACTIVAS: Necesarias, sobre todo, a corto y medio plazo, aunque tengamos claro que no son la solución al problema.
a) Implicaría la conversión por ley del acto prostituyente en delito, introduciéndolo en el Código Penal. Lo realmente eficaz sería incluirla en el cuerpo de delitos perseguidos por la Justicia Universal, junto a la esclavitud, el tráfico de órganos, la explotación infantil, el narcotráfico y el tráfico de armas.
b) Persecución y detección eficaz de las mafias y proxenetas dedicados a la trata de mujeres, niñas y niños, como negocio ilegal. Implicaría acciones a nivel internacional y en los países de origen.
c) La detención y sanción de los varones prostituidores, con distintas medidas coactivas y sancionadoras según la gravedad de los hechos.
d) La prohibición de la publicidad prostituyente en los medios de comunicación e internet.

2. MEDIDAS AFIRMATIVAS: Medidas en positivo, de largo recorrido, que llevarían a la abolición de la prostitución y la trata de mujeres, niñas y niños.
a) Consideración legal de la mujer prostituida como víctima de la trata y de la prostitución.
b) Medidas de protección y apoyo a las mujeres prostituidas como facilidades para acceder a la vivienda, formación laboral, oferta de empleo adecuada, protección frente a las mafias y los proxenetas, etc
c) En el caso de mujeres inmigrantes ilegales (90 % de las mujeres prostituidas en nuestro país), concesión inmediata del permiso de residencia, regularización de su situación para acceder a un trabajo y otras medidas sin condicionantes (como el que recoge la actual ley de darles un plazo de treinta días para que denuncien a las mafias como condición para protegerlas) evitando el temor de las mujeres a denunciar por miedo a la expulsión a su país de origen o a las represalias de las mafias y proxenetas.
d) Introducción de la educación sexual y afectiva en la educación como asignatura obligatoria y troncal para la formación de las nuevas generaciones en las relaciones basadas en la igualdad y la libertad.
e) Apoyo al reciclaje de los adultos machistas mediante talleres, cursos, terapias y demás recursos que facilitan la superación de los prejuicios de la Cultura de los Géneros.
f) Campañas disuasorias permanentes en todos los medios de comunicación, como la que ha llevado a cabo el Ayuntamiento de Sevilla, con el eslogan “¿Tan poco vales que tienes que comprarlo?”

Para terminar, conviene recalcar que la prostitución y de la trata de mujeres, niñas y niños, es un problema de amplio espectro y raíces culturales profundas que requiere un cambio de mentalidad social y personal, una crítica profunda a las tradiciones y símbolos culturales heredados del pasado y una decidida apuesta por una sociedad libre, igualitaria y justa.