jueves, 13 de marzo de 2008

Conflictos

CONFLICTOS
La existencia de conflictos no es evitable.
La creación de un equipo de trabajo siempre supone la existencia potencial de conflictos cuya resolución es básica para poder cumplir los objetivos del proyecto. Lo que es evitable es que lleguen a alterar fuertemente la marcha de un proyecto.

La causa última de la existencia de conflictos es su aparición en proyectos como entidades temporales que se desarrollan dentro de organizaciones más estables en el tiempo. Así, un proyecto es una fuente de competición por el uso de recursos que la organización podría dedicar a otras actividades. Se pueden distinguir dos tipos de fuentes de conflictos:
Endógenas.
Surgen en el interior de un proyecto debido a problemas en su ejecución o a los recursos disponibles.
Exógenas.

Surgen en la organización en su conjunto, afectando a los proyectos que se ejecutan en la misma.
Un Director de Proyecto sólo puede atajar los conflictos endógenos y contribuir en mayor o menor medida a los exógenos en función de su responsabilidad en la organización, dependiendo de la estructura organizativa que ésta posea.

CAUSAS

Las causas más comunes, tanto partiendo del propio grupo de trabajo como provenientes del entorno de la organización, se pueden resumir en:
Calendarios
Prioridades del Proyecto
Estructura del equipo de trabajo
Opiniones y compromisos técnicos
Procedimientos administrativos
Costes
Conflictos personales

RESOLUCIÓN
Durante un proyecto existen varias maneras de gestionar los conflictos. Dependiendo de la situación y del problema, puede ser más adecuado seguir una línea u otra.


Estilos de resolución de conflictos1:

Confrontación: Supone un enfoque racional de resolución de problemas. Las partes que están en disputa solucionan sus diferencias centrándose en los problemas , mirando a enfoques alternativos y eligiendo las mejores estrategias. La confrontación puede contener elementos de otros modos., tales como compromiso o conciliación.


Compromiso: Regatear y buscar soluciones que aportan algún grado de satisfacción a las partes involucradas en el conflicto. Puesto que el compromiso da resultados subóptimos, el jefe de proyecto debe valorarlo en relación a los objetivos del programa.


Conciliación: Destaca áreas comunes de acuerdo y resta importancia a las áreas de diferencia. Como la retirada, la conciliación puede no responder a las cuestiones reales de desacuerdo. La conciliación es un modo más eficiente, sin embargo, puesto que al identificar áreas de acuerdo puede ayudar a definir mejor las áreas de desacuerdo, y además el proyecto puede continuar en áreas donde existe acuerdo de las partes.


Imposición: Imponer el punto de vista de uno a costa del otro. La fuerza se utiliza a veces como el último recurso por los jefes de proyecto, puesto que puede provocar resentimiento y deterioro del clima laboral.


Retirada: El Jefe de Proyecto no aborda los desacuerdos. Si la cuestión de desacuerdo es importante para la otra persona puede intensificar la situación de conflicto. Este procedimiento se puede utilizar por el Jefe de Proyecto para permitir calmarse a la otra parte o para conseguir tiempo y poder estudiar la cuestión con más profundidad.

Además, la influencia directiva que ejerza el Director de Proyecto sobre el grupo hace que éste opte por un tipo de resolución u otro. En la siguiente tabla se muestra esta correspondencia:

Rosenau, en su libro "Successful project management" (3ª edición, John Wiley & Sons, 1998)

establece tres grandes vías para reducir los conflictos:

Trabajar proactivamente en la reducción de conflictos y no actuar como si no existiesen.
Enfrentarse a ellos es la mejor manera de poder resolverlos.

Tener y mantener una buena planificación con estimaciones actualizadas y realistas acordadas por todas las personas implicadas.
Establecer mecanismos de comunicación fluida con todas las personas implicadas y con la dirección de la empresa.
UN CONSEJO: HAY QUE ENFRENTAR EL PROBLEMAhttp://www.info.ccss.sa.cr/rescval/rv0017.htmEl primer paso para la solución de un problema siempre es el detectarlo y aceptarlo como tal. La primera condición es fácil de alcanzar; cualquiera puede percibir, salvo en contados casos, que algo anda mal en las relaciones del grupo, especialmente cuando se producen hechos de obvio antagonismo o agresiones verbales o físicas. Aceptar que el problema es importante y que merece ser resuelto suele ser más difícil, ya que no siempre las partes están de acuerdo sobre la relevancia del conflicto: quien agrede o discrimina a otros se excusa a menudo minimizando sus actos, mientras que la víctima tiende naturalmente a exagerar la ofensa recibida. En esta primera etapa, entonces, deberá explorarse profundamente la percepción personal que cada parte tiene del problema, definiéndolo con total claridad hasta alcanzar el consenso adecuado respecto de su importancia. Es evidente que esto deberá hacerse a través de la conversación, y por eso es vital que se pongan en juego las mejores aptitudes comunicacionales:
Respeto por los puntos de vista ajenos aunque no se coincida con ellos
Tolerancia y ayuda para con los miembros del grupo que tengan dificultades al expresarse
Paciencia y buena voluntad para escuchar a los otros Ciertas actitudes personales son necesarias, además de las anteriores:
Auto-control. No dejarse llevar por la ira ante opiniones que son adversas.
Confianza. Presumir siempre la honestidad y la sinceridad en los otros.
Honestidad. Decir siempre la verdad y ser sinceros al expresar opiniones.
Humildad. Admitir desde el principio que jamás podremos tener toda la razón. El espíritu de grupo debe prevalecer en esta etapa, y en general durante todo el proceso de resolución de un conflicto. La clase debe sentirse cohesionada, si no en las opiniones o en los juicios de sus miembros, en la convicción de que debe hallarse una solución para beneficio de todos. Es necesario recordar siempre que el bien común está por encima del bien individual; que el problema es de todos, no sólo de las partes.

(Tomado de Anuncios Google )

Trece Rosas Rojas

Trece Rosas Rojas

El 8 de Marzo es el día internacional de la Mujer Trabajadora, establecido por el Congreso Mundial de Mujeres Socialistas, se recuerda la lucha emprendida por las trabajadoras textiles de la Cotton de Nueva York en 1857. Estas 129 trabajadoras estaban luchando por una jornada laboral de 10 horas y descanso dominical, y deciden tomar la fabrica como protesta. La patronal responde incendiando el establecimiento, donde mueren todas ellas.

Algunos años más tarde, la Organización de Naciones Unidas (ONU) lava el contenido de esta fecha designándola como el día Internacional de la Mujer. Esta actitud, que parece casi inocente, es un intento más de institucionalizar e invisibilizar la historia de lucha de millones de mujeres en todo el mundo.

El capitalismo, 151 años después de estos hechos, continúa reforzando la banalización de esta fecha, haciéndonos creer que este día es para recibir obsequios y ser halagadas con una flor. Una vez más, marcas de lavarropas, detergentes, jabones en polvo, pañales etc. nos saludaran a través de las pantallas de televisión, de las hojas de los diarios de mayor tirada, de las revistas de moda felicitándonos en nuestro día y reafirmando el espacio que el patriarcado nos ha reservado como mujeres: amas de casa, madres, cuidadoras o mero objeto sexual. Pero es responsabilidad de las mujeres rescatar la historia de lucha de otras que se rebelaron contra este sistema y que fueron sentando las bases de nuestras luchas cotidianas y de las futuras. Este 8 de Marzo queremos recordar a:


“Las 13 Rosas Rojas”, 13 mujeres, la mitad de ellas menores de edad, asesinadas por el régimen franquista, 82 años después de la muerte de las trabajadoras de la Cotton. Una de ellas, Julia Conesa en la ultima carta dirigida a su familia escribió: “Que mi nombre no se borre de la historia”.


Luego de la caída de Madrid en manos de las tropas de Franco las Juventudes Socialistas Unificadas (JUS) intentaron reorganizarse clandestinamente. Roberto Conesa, un policía infiltrado en la organización, colaboró en la detención de los y las integrantes de la organización. Entre los/las detenidos/as se hallaban las Trece Rosas, que fueron arrestadas y conducidas a instalaciones policiales, donde fueron torturadas, y luego llevadas a la cárcel de mujeres. Esta cárcel había sido construida para 450 personas pero en ella se hacinaron 4.000 mujeres muchas de ellas con sus niños/as pequeños/as. El hacinamiento, el frío, la falta de alimentos llevo a la muerte a muchxs de estxs pequeñxs y de estas mujeres.


El 29 de julio, Isaac Gabaldón, comandante de la Guardia Civil, inspector de policía militar de la 1ª Región Militar y encargado del Archivo de Masonería y Comunismo, su hija de 18 años y su chofer fueron asesinados. Como represalia, 56 jóvenes de las JSU que estaban encarcelados mucho antes del asesinato fueron llevados a juicio ante un Tribunal Militar el 3 de agosto 1939 y condenados a la pena de muerte. Dos días depuse del juicio, el 5 de agosto, fueron fusilados/as en las paredes del Cementerio de la Almudena. Entre ellos/as se encontraban estas 13 mujeres.

Que sus nombres no se borren de la historia:_


Carmen Barrero Agüero (20 años, modista). Militante del PCE, tras la guerra, fue la responsable femenina del partido en Madrid. Fue detenida el 16 de mayo de 1939.

Martina Barroso García (24 años, modista). Al acabar la guerra empezó a participar en la organización de las JSU de Chamartín.

Blanca Brisac Vázquez(29 años, pianista). La mayor de las trece. Tenía un hijo. No tenía ninguna militancia política. Pilar Bueno Ibáñez (27 años, modista). Al iniciarse la guerra se afilió al PCE y trabajó como voluntaria en las casas-cuna (donde se recogía a huérfanos y a hijos de milicianos que iban al frente). Fue nombrada secretaria de organización de Radio Norte. Al acabar la guerra se encargó de la reorganización del PCE en ocho sectores de Madrid. Fue detenida el 16 de mayo de 1939.

Julia Conesa (19 años, modista). Se afilió a las JSU por las instalaciones deportivas que presentaban a finales de 1937 donde se ocupó de la monitorización de estas. Pronto se empleó como cobradora de tranvías, ya que su familia necesitaba dinero, y dejó el contacto con las JSU. Fue detenida en mayo de 1939 siendo denunciada por un compañero de su "novio". La detuvieron cosiendo en su casa.

Adelina García Casillas (19 años). Militante de las JSU. Hija de un guardia civil viudo. Le mandaron una carta a su casa afirmando que sólo querían hacerle un interrogatorio rutinario. Se presentó de manera voluntaria, pero no regresó a su casa. Ingresó en prisión el 18 de mayo de 1939. Elena Gil Olaya (20 años). Ingresó en las JSU en 1937. Al acabar la guerra comenzó a trabajar en el grupo de Chamartín.

Virtudes González García (18 años, modista). En 1936 se afilió a las JSU. Fue detenida el 16 de mayo de 1939 denunciada por un compañero suyo bajo tortura.Ana López Gallego (21 años, modista). Militante de las JSU. Fue secretaria de Radio Chamartín durante la Guerra. Fue detenida el 16 de mayo, pero no fue llevada a la cárcel de Ventas hasta el 6 de junio. Se cuenta que no murió en la primera descarga y que preguntó "¿Es que a mi no me matan?

". Joaquina López Laffite (23 años). En septiembre de 1936 se afilió a las JSU. Se le encomendó la secretaría femenina del Comité Provincial clandestino. La detuvieron el 18 de abril de 1939 en su casa, junto a sus hermanos. La llevaron a un chalet. La acusaron de ser comunista, pero ignoraban el cargo que ostentaba. Joaquina reconoció su militancia durante la guerra, pero no la actual. No fue conducida a Ventas hasta el 3 de junio, a pesar de ser de las primeras detenidas.
Dionisia Manzanero Salas (20 años, modista). Se afilió al Partido Comunista en abril de 1938 después de que un obús matara a su hermana y a unos chicos que jugaban en un descampado. Al acabar la guerra fue el enlace entre los dirigentes comunistas en Madrid. Fue detenida el 16 de mayo de 1939.

Victoria Muñoz García (18 años). Se afilió con 15 años a las JSU. Pertenecía al grupo de Chamartín. Era la hermana de Gregorio Muñoz, responsable militar del grupo del Sector de Chamartin de la Rosa. Llegó a Ventas el 6 de junio de 1939. Luisa Rodríguez de la Fuente (18 años, sastra). Entró en las JSU en 1937 sin ocupar ningún cargo. Le propusieron crear un grupo, pero no había convencido aun a nadie más que a su primo cuando la detuvieron. Reconoció su militancia durante la guerra, pero no la actual. En abril la trasladaron a Ventas, siendo la primera de las Trece Rosas en entrar en la prisión.

Hoy, casi 69 años después del fusilamiento de las rosas, la lucha de las mujeres por condiciones dignas de trabajo, por el pleno reconocimiento y vigencia de sus derechos, en contra de la violencia, contra la trata de personas, por el derecho al aborto, en las fábricas, en las calles, en las escuelas, en los barrios, en el campo y en la ciudad, siguen marcando un camino que se diferencia de la frivolización del 8 de marzo. Hoy Patricia Troncoso, la Chepa, en Chile, con su lucha junto al pueblo mapuche, nos recuerda la fortaleza y convicciones de las que somos capaces. Hoy nosotras/os elegimos conscientemente recordar a las trabajadoras de la Cotton, y en ellas a las miles de trabajadoras explotadas por el capitalismo, recobrando la historia de lucha con 13 rosas rojas en nuestra memoria. http://argentina.indymedia.org/features/genero/

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(Tomado de mail enviado a la suscrita de Ciudad de Mujeres España)